lunes, 24 de junio de 2019

SEMINARIO DE CRIMINALÍSTICA DE CAMPO Y TÉCNICA DE PERFILACIÓN CRIMINAL APLICADA A CRÍMENES EXÓTICOS




En los últimos tiempos, tanto por el avance de la información como por el refinamiento de aquellos que delinquen, se está con mayor frecuencia ante la presencia de hechos que a priori resultan confusos. En ese marco de confusión investigativa, es donde se pone a prueba la capacidad de resolver materialmente el hecho. Este seminario brindará aportes para remediar dichas problemáticas, que de otra forma directamente generarían un fracaso investigativo. Es así que los asistentes conocerán las más avanzadas herramientas para aplicar y así lograr su resolución judicial en estos casos de Crímenes Exóticos.

La CRIMINALÍSTICA DE CAMPO abarca el trabajo técnico de investigación forense que se desarrolla en la escena del crimen o lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento del proceso judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se finalizará identificando al autor o autores.

CONTENIDO: Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje. El relevamiento pericial en hechos atípicos. El escenario alterado o modificado, elementos de interés investigativo. Crímenes Exóticos, ¿cómo evitar hipótesis mal desarrolladas?. Recolección de indicios, cadena de custodia. Situaciones simuladas, recaudos criminalísticos.Pericias complementarias. Consideraciones forenses esenciales para la correcta interpretación.Casos prácticos.

Expositor: Lic. Walter Gorbak Lic. en Criminalística. Perito Forense (Judicial y de Parte) en Balística y Armamento, Accidentología Vial y Gral., Scopometría, Documentología, Papiloscopia, Dactiloscopia, Rastros, Escena del Crimen, Incendios y Explosivos. Fundador y Director del Estudio Pericial Gorbak. Posgraduado en Seguridad Pública – consultor -. Profesor capacitador personal Judicial y Pericial. Profesor Titular cursada en Criminalística – Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Perito Judicial y Perito de Parte, en numerosas causas de trascendencia pública. 

La TÉCNICA DE PERFILACIÓN CRIMINAL: herramienta por excelencia de la Criminología Forense orientada a los crímenes exóticos, proporcionando conocimientos actualizados con los últimos avances en criminal profiling. Basándonos en evidencia conductual aportada por los expedientes durante una investigación criminal analizando la criminogénesis, el quién, por qué y para qué de ese tipo de violencia. Interpretaremos la conducta criminal en homicidios y probables suicidios. La jornada será útil para elaborar estrategias legales, preparación de entrevistas o si a la hora de cometerlos, el autor comprendería la criminalidad de sus actos.

CONTENIDO: ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento? Conductas del Modus Operandi. Aspectos de la firma. Posición del cadáver. Parafilias. Rituales. Análisis lesiones.

Expositora: Dip. Laura Quiñones Urquiza, estudió Psicología en la U.A.J.F.K, es Diplomada en Criminología, Criminalística y Derechos Humanos por el IUPFA. Se especializó con Vicente Garrido Genovés de la Universidad de Valencia en Técnica de Perfilación Criminal. Asiste a fuerzas policiales, Fiscalías en lo criminal y Juzgados de Instrucción confeccionando perfiles criminales de autores desconocidos, en casos de homicidios, ataques sexuales a mujeres, pederastía, pedofilia en internet y amenazas reiteradas, durante la etapa de investigación criminal.

Destinado a: Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o afines y miembros de ONG’S.

Modalidad:  Presencial.

Opciones de cursada: 

- JUEVES 15 y 22 de agosto de 18 a 21 h INSCRIPCIÓN 
- SÁBADO INTENSIVO 7 de septiembre de 11 a 18 h INSCRIPCIÓN

LUGAR: Paraná 425. Zona Tribunales (CABA).

BONIFICACIÓN POR INSCRIPCIÓN ANTICIPADA hasta el 15/07 

Se extiende CERTIFICADO de la capacitación, material complementario e incluye Coffee Break.


--------- VACANTES LIMITADAS ----------

miércoles, 19 de junio de 2019

YO, EL CARNICERO

La imagen puede contener: 3 personas, incluido Laura Quiñones Urquiza

"Yo maté a mi amigo". Le dio dos puñaladas y después de degollarlo, prendió fuego el lugar. Dice que no está arrepentido y que el crimen está "justificado". Juan José Saldivia tiene 23 años y está procesado por homicidio. Nació en 25 de Mayo, pero se crió con su abuelo materno en Gobernador Ugarte, cerca de Chivilcoy. Su padre se suicidó cuando cumplía condena en prisión por un homicidio y su madre también se quitó la vida cuando él tenía 17 años. Es el mayor de sus siete hermanos. Fue al colegio hasta tercer grado y luego abandonó. Desde chico comenzó a cometer hurtos menores. “Yo empecé a robar para tener lo mío”, cuenta. A sus 15 años empezó a robar casas, la mayoría de las veces abría las puertas con una patada o usaba barretas. Previamente hacia la logística para asegurarse que la casa estaba vacía. A veces lo hacía solo y otras tantas acompañado, nunca robó con armas. “A mí nunca me importó la víctima, yo sabía a quiénes les robaba”, dice. Antes de caer detenido trabajaba como ayudante de albañil. El día del homicidio empezó a discutir con la persona porque estaba disputándose el amor de una chica del pueblo con uno de sus mejores amigos. Forcejearon y Juan José le terminó dando dos puñaladas, una vez que la víctima cayó al suelo se subió sobre él y lo degolló, luego prendió fuego el lugar. “Cuando le cortaba el cuello tuve la sensación de estar desahogándome de muchas cosas, muchas discriminaciones y padecimientos; ese corte fue como un grito”, cuenta sin inmutarse. Juan José no está arrepentido, dice que haber degollado a Alejandro Marin está justificado. “Nadie de mi familia cree lo que hice”, dice. Desde el asesinato estuvo prófugo durante dos meses. El día que la policía allanó su casa, primero negó todo y ante el hartazgo por la insistencia de los agentes policiales decidió contar todo. “Lo conté porque me hincharon los huevos”, asegura sin reflexionar sobre lo que dice. Juan José siempre tiene el mismo tono, no hay inflexiones en su voz; tiene la mirada fría y esboza una risa que no demuestra ningún tipo de arrepentimiento. En la cárcel lo apodaron “El carnicero”. La entrevista completa Aquí


jueves, 13 de junio de 2019

YO ROBABA POR ODIO


MAURO ALEJANDRO VITTA DE PRETTA (21 AÑOS). Condenado por robo agravado por el uso de arma blanca. Le dieron 5 años, lleva detenido 3 años y 5 meses. Nació y creció en el KM 43 de La Matanza, lo que se conoce como barrio Oro Azul. El padre era delincuente, dice recordarlo más en prisión que afuera, y su madre estaba completamente ausente. Lo crió su abuela paterna, junto a sus tres hermanos menores, él era el mayor. No tiene documentos, se considera a sí mismo un NN, dice por esta situación hizo la escuela hasta los 14 años, pero no tiene ningún comprobante del primario. “Yo trabajaba y robaba, hacía changas como albañil o en una gomería y a la noche robaba. Lo hacía para que tuvieran una imagen de que era trabajador; pero a mí me gustaba robar, me gustaba esa adrenalina”, cuenta. Desde chico se inclinó por las artes marciales: Taekwondo, Muay Thai y Judo. Esas técnicas de defensa y combate las usaba para desmayar y robar. “Siempre me peleé con seis o siete a la vez, nunca tuve problema para pelear, buscaba problemas a propósito. Nunca le tuve miedo a la muerte, la verdad que por mi situación tenía más ganas de morir que otra cosa. Hubiera deseado no haber nacido, nunca tuve nada y son me cagué de hambre porque estaba mi abuela”, asegura. “La primera vez que fui a robar, me junté con un grupo de pibes y con un arma robada hicimos un ‘rally’ (por raid) delictivo. Robamos una casa de deportes, una de motos y un par de locales más; debuté con varios hechos a la vez. La moto que robé me la llevé y ni siquiera sabía cómo funcionaba, la terminé dejando tirada”, dice con cierta jactancia. En el barrio en el que vivía era conocido por su bravura. “Yo en el barrio tenía varios a los que usaba como mulos para que me fueran a comprar falopa”, para esa altura Mauro tomaba cocaína y se había vuelto adicto a las pastillas. Hacía “escruches” y no llevaba armas. “Mirábamos la casa que nos gustaba y dejábamos un folleto en la puerta, si el folleto desaparecía quería decir que había gente, si seguía ahí quería decir que no había nadie, ahí entrábamos. Siempre llevábamos guantes, todo lo que tocaba lo dejaba en su lugar para que no se dieran cuenta que habíamos robado, llegué a encontrar treinta mil pesos de esta forma, generalmente la plata estaba en las medias o en el ropero”, recuerda. A Mauro lo que más le gustaba era robar solo, aunque usaba armas dice no haberse tiroteado nunca con la policía. “Yo los ponía a los transas. Ahora estoy detenido por robarle a una mina que le llevaba la falopa de un transa: la seguí, subí al bondi con ella y ahí le manoteé la mochila”, salió corriendo, pero lo capturó la policía a las tres cuadras, dentro de la mochila tenía tres kilos de cocaína y envoltorios de paco. Esos “trabajos” se los pasaba gente de confianza que le marcaban a los vendedores de droga a los que podía robar. En la cárcel se peleó varias veces contra varios a la vez, en la Unidad 57 está hace dos semanas. “Yo si está en riesgo mi vida no tengo drama de degollar ni matar, o vivo yo o viven ellos”. Aunque por su relato pareciera estar más allá del bien y del mal, dice estar arrepentido de todo su pasado delictivo. Ahora en Campana trabaja y estudia, tiene la esperanza de modificar su vida cuando salga. La entrevista completa: Aquí

jueves, 30 de mayo de 2019

¿CÓMO FUNCIONAN LOS CÍRCULOS DE PEDOFILIA?; te lo cuento en La Nación Más junto a Viviana Valles y Fernando Rodríguez

lunes, 20 de mayo de 2019

YO NACÍ EN CUNA DE ORO, LAS MOTIVACIONES DE UN NIÑO RICO

La imagen puede contener: 3 personas, incluido Laura Quiñones Urquiza, personas sentadas e interior

Esta es la historia de Matías Parisi Pérez. Tiene 32 años y está detenido hace un año y dos meses. Fue condenado por robo agravado a 5 años de prisión. Esta es su tercera condena. A diferencia de otros presos, Matías no pasó necesidades en su infancia y dice que eligió ser delincuente. Nació en Villa Madero, La Matanza, en una casa de clase media acomodada, su padre era gerente en una reconocida empresa de supermercados y su madre se quedaba en casa para cuidarlo a él y a su hermana. Matías fue el primogénito. “A mí nunca me faltó nada, yo nací en cuna de oro”, cuenta. Los problemas empezaron cuando sus padres se separaron. Matías tenía 11 años, su papá se fue a vivir al exterior por trabajo y los mantenía enviando dinero cada mes. A esa edad comenzó a consumir porro y con el tiempo se volvió adicto a la cocaína. “Ahí agarré la calle y a los 13 años dejé el colegio”, recuerda. Su primer robo fue a esa edad, robó una moto. La primera arma que tuvo en sus manos fue un 38 special que le costó 200 pesos. La compró en la villa El Lucero de La Matanza. “Empecé a robar por hazaña, no necesitaba nada. Todos mis amigos y yo éramos pibes de guita, eramos pibes bien; ninguno necesitaba robar. Además, íbamos a la cancha a ver a Chicago, robé muchas veces con la barra de Los Perales”, dice. A los 16 años su familia lo internó en un centro de rehabilitación y ahí los problemas se profundizaron. Cuando salió todo empezó a volverse más violento. Al dueño de un supermercado chino le voló la pierna de un tiro porque no quería darle la plata. ”La primera vez que caí en cana fue por el robo a un mayorista, le robamos 15mil dólares; pero a las pocas cuadras nos empezaron a perseguir y nos hicieron un operativo cerrojo, tenía 18 años y fui a Devoto”, recuerda. Cuando salió empezó a hacer “ranchos”, abrían las casas con la gente adentro con una tarjeta tumbera. “Si no tiene la doble traba puesta, te abrimos cualquier puerta; la tarjeta tumbera que llevábamos la hacíamos con tapitas. Yo me encargaba de reducir a la gente”. En una de esas entraderas, rociaron con nafta al dueño de casa porque no quería decirles dónde estaba la plata. Empezó a parar con una banda de Lugano 1 y 2, porque en ese barrio había mucha gente que pasaba datos de lugares donde había plata. Para esa época ya se había tiroteado varias veces con la policía. Volvió a ver a su padre que había vuelto a la Argentina y se había mudado a un country en Cañuelas, durante una visita a la casa conoció a una pareja amiga del padre que eran joyeros. Decidió desvalijarlos. “El robo al country fue de película, todo disimulado. Entramos a la casa y nos llevamos todo”. Durante un enfrentamiento en el barrio El Morro con una banda rival de Villa Jardin en Lanus, ejecutó a un rival que intentó matarlo. “Le dimos con mi socio más de seis tiros y lo rematamos en el suelo; encima era un guacho, pero era él o nosotros”, dice sin inmutarse. En 2011 volvió a caer detenido en Villa Celina, fueron a robarle a un narco paraguayo que tenía vínculos con el jefe de calle policial (que además era conocido de su familia). Entraron a la casa, se llevaron la droga y la plata, pero a las pocas cuadras la policía los encontró: “dejaron que el narco me pegara, me molió a palos, el jefe de calle que era amigo de mi cuñado lo dejaba que me fajara; por esa causa estuve en cana hasta 2015”. En el KM35 de La Matanza tuvo otro enfrentamiento con un banda narco paraguaya, “nos cagaron a tiros con metralletas, son heavys los paraguas”, cuenta. “Cuando salí en cana por última vez, empecé a trabajar en una colchonería. Estaba bien de plata, empecé a salir de joda y a los seis meses empecé a robar de vuelta. Es que me enteraba que en un lugar había 200 mil pesos y me volvía loco, era más fuerte que yo. Si te cagas de hambre en la calle sos el peor, porque en la calle está la plata”, dice. La última vez que cayó detenido fue por el robo al dueño de una remiseria VIP que trabajaba con turistas. “Lo apreté de chucu (de chamuyo) y me dio todo. En la huida terminé chocando y casi me muero, salí por el parabrisas y no me despertaba, mi socio me dio varios cachetazos para despertarme pero no hubo forma, me dejó abandonado porque sino la cana nos agarraba a los dos”. En su vida carcelaria tuvo muchos problemas, apuñaló y fue apuñalado varias veces. “En Mercedes me dieron varios puntazos que casi me muero, en Sierra Chica tuve que pelear para salvar mi vida porque en el pabellón que estaba había uno con el que había tenido bondi antes”. Hoy en día es referente del pabellón más complicado de Catán: el de los recién llegados. “A veces llegan violines y los tengo que andar cuidando para que no haya bardo, a mi no me conviene que haya quilombo porque me quitan beneficios; después están los giles que llegan por robar una cartera a una vieja o un celular, se los deja vivir pero no los dejo ni opinar”, cuenta. Tiene dos hijos, está separado de la madre de ellos desde 2013. Dice estar arrepentido de su pasado. La entrevista completa de Mauro Szeta y en análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé noticias Aquí

martes, 14 de mayo de 2019

YO SOY UN CHORRO DE SANGRE

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Jose Antonio Robles Escochi “El Lágrima” tiene 32 años. Fue condenado a 10 años de prisión por robo agravado por uso de arma de fuego y enfrentamiento. Lleva 9 años detenido. En la cara lleva dos lágrimas tatuadas. Y le cuenta a Mauro Szeta por qué su delincuencia la lleva en el ADN. Nació en San Martín, en Billinghurst, el padre era delincuente y su madre ama de casa. Es el mayor de 9 hermanos. 


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Fue al colegio hasta tercer grado, a esa edad se empezó a escapar de la escuela para ir a pedir en los trenes y en la calle; iba solo y lo hacía para mantener a sus hermanos. A los 12 años comenzó a robar, junto a un amigo de la misma edad. Le sacaron un revolver 22 mm a la abuela y salieron a la calle para asaltar al primero que pasara, ese día robaron a punta de pistola un auto. “En ese momento robar me daba miedo, después se empieza a hacer costumbre y lo disfrutás”, dice. Tras el primer robo fueron por más, entraban a punta de pistola a los supermercados y se llevaban la recaudación. En uno de esos robos, mataron a su compañero. En ese mismo enfrentamiento "El lágrima" hirió de gravedad a la agente policial que ejecutó a su amigo. José tiene más siete tiros en el cuerpo y uno alojado en la cabeza, en la nuca tiene más de seis heridas por cuchilladas que tuvo peleando en la cárcel. Estuvo detenido desde los 16 años por un secuestro seguido de homicidio por el que le dieron 8 años y seis meses siendo menor de edad; habían secuestrado al socio de una tabacalera y en el momento de la entrega del dinero ejecutaron al ex policía que llevo la plata. “Yo fui el primer condenado menor de edad en San Martín, ni mi abuela me pudo rescatar cuando arranqué a delinquir; todo el que sale a robar sabe que las opciones son la cárcel o la muerte”, cuenta. Su abuela había muerto cuando él tenía 13 años. Una de las lágrimas que tiene tatuada en el rostro es por ella, la otra por su amigo muerto. “Al principio era todo competencia entre bandas a ver quién secuestraba y robaba más; Secuestrábamos o robábamos todos los días”, dice "El Lágrima". Su mayor botín fue un “escruche” en una fábrica, se llevaron seis millones de pesos. “Para robar la fábrica, nos metimos por el cielorraso, así pudimos evitar los censores”, dice orgulloso. Además de las puñaladas en el cuerpo tiene varias en la cabeza, “yo soy malo con los malos, si querés bondi va a haber bondi”. Hoy es el referente de uno de los pabellones más peligrosos del penal, él lleva el orden. El robo por el que está purgando pena en la Unidad 42 de Florencia Varela fue una entradera que salió mal y terminaron enfrentándose con la policía. Tiene tres hijos, dos con una mujer anterior y una nena con la actual pareja. Aunque dice no estar arrepentido de su pasado, asegura que el nacimiento de su última hija lo cambió y desea modificar su vida para poder verla crecer. La entrevista completa a uno de los hombres más temidos en todos los penales, por ser el rey de los pabellones: Aquí

lunes, 29 de abril de 2019

DANIEL ROJO, DE LADRÓN DE BANCOS A ESCRITOR


Por Laura Quiñones Urquiza, exclusivo para diario Perfil


Uno de los temas clave en criminología es poder comprender las causas y los impulsos que llevan a una persona a delinquir. No solo para entender la lógica, sino para comprender las consecuencias de esos impulsos y detectar las causas, para saber si -para alguien que robó tanto como Daniel Rojo- es posible dejar alguna vez de robar. 
Conversé con él para tratar de descifrar el misterio. Daniel Rojo, fue un mítico ladrón de más de 500 bancos a lo largo de España, luego de cumplir su última condena, se enamoró y formó una familia, pero sobre todo, pudo reinsertarse en la sociedad con diversos oficios. Fue guardaespaldas de Javier Calamaro o Leonel Messi entre otros famosos, es autor de “Gran golpe en la pequeña Andorra”, “La venganza de Tiburón”, “El secuestro de la Virgen negra”, “Confesiones de un gánster de Barcelona”, “El gran golpe del gánster de Barcelona”, “Mi vida en juego” y el reciente “Así salí del infierno de las drogas”. Además ha formado parte de elencos de series de TV y películas como Anacleto el Agente secreto junto a Imanol Arias, Quim Gutiérrez y Rosy de Palma y de la película Secuestro emitida por Netflix. 

¿Qué te llevó a escribir tus memorias?
Como tú sabes, cuando salí de la cárcel me puse a trabajar con artistas de asistente personal y el hecho de estar trabajando con artistas tanto en el ámbito de la literatura, actores, de la música, también había pues gente que se dedicaba a guiones y a hacer películas y cuando a través de los años vi que como cuando yo hablaba, ellos se quedaban con la boca abierta, pues pensé que si ellos que se dedicaban al mundo del ocio de trascribir historias y escribir historias ficticias y se ganaban la vida y se quedaban sorprendidos con lo q yo les explicaba, ahí fue un poquito cuando empecé a pensar que tenía algo que contar y ahí empezando a hablar me salieron tres novelas de mi vida Seguir leyendo 

miércoles, 24 de abril de 2019



Actualmente las causas referidas a Delitos contra la Integridad Sexual, son las de mayor fracaso investigativo, debido a las nuevas y concretas exigencias que se requiere. Este seminario permitirá que los asistentes conozcan las más avanzadas herramientas y conocimientos, para lograr su resolución  judicial.

A cargo de Lic. Walter Gorbak  y Dip. Laura Quiñones Urquiza

Criminalística de campo aplicada a la investigación criminal:

La Criminalística de Campo, abarca el trabajo técnico de investigación forense  que se desarrolla en la escena del crimen ó lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento de la investigación judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se consuma identificando a los participes.
  1. Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje.
  2. Primeros recaudos procesales y periciales a realizar en el escenario.
  3. Aplicación metodológica a desarrollar, criterios.
  4. Ordenamiento secuencial de trabajo.
  5. Personal necesario para el relevamiento pericial.
  6. Articulación peritos – personal judicial.
  7. Recolección de indicios, cadena de custodia.
  8. Pericias complementarias.
  9. Consideraciones fundamentales para la correcta interpretación.
  10. Denuncias sobre hechos antiguos, ¿cómo se debe trabajar para su corroboración pericial?.
  11. La reconstrucción.
Técnica de Perfilación aplicada a la investigación criminal:

Se buscará proporcionar conocimientos introductorios actualizados de los últimos avances en la Técnica de Perfilación Criminal o Criminal Profiling, con la elaboración básica del perfil de autor desconocido basado en evidencia conductual, aportada por los expedientes  judiciales de una investigación criminal. Comprender la criminogénesis y la violencia criminal a través del análisis de la conducta distinguiendo el Modus Operandi, de las huellas psicológicas del autor de un hecho, las lesiones y verbalizaciones. Las clases serán útiles para elaborar estrategias legales, victimología o preparación de entrevista con sospechosos.
  1. ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento?
  2. Conductas del Modus Operandi y de la Firma
  3. Parafilias
  4. Tipología de violadores
  5. Perfiles de Pederastas
  6. Códigos y círculos de Pedofilia. Pornografía Infantil.
  7. Análisis de la dinámica de un ataque sexual
  8. Análisis de las verbalizaciones
  9. Motivaciones, grados y variedades de violación
    Dirigido a:
    Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o  afines y miembros de ONG’S. 

    Modalidad:
    Presencial.

    Día de única cursada:

    Sábado 8 de junio de 11-14 y de 15 -18 h.

    Lugar:
    Paraná 425  - 5º piso. Zona Tribunales, CABA. 

    Valor total de la capacitación para inscriptos:

    Del 22/04 al 07/05 - bonificación especial $ 1500.

    Del 08/05 al 22/05 - bonificación $ 1600.

    Del 23/05 al 06/06 - valor normal $ 1700.

    INSCRIPCIONESAquí

    -Disponibilidad de todos los medios de pago-


    Se extiende CERTIFICADO de la capacitación e incluye coffee break.

    miércoles, 17 de abril de 2019

    YO MATÉ Y NI SIQUIERA SÉ A CUÁNTOS

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    Mirta Elisabeth Isasi, también conocida como “La Pelada”, tiene 40 años y actualmente está presa por tenencia de armas. Tiene más de 14 condenas anteriores: homicidio, robos y lesiones graves a una policía. Nació en Villa Jardín, en la localidad bonaerense de Lanús y se crió con sus abuelos hasta que la madre, mejorada de sus adicciones, comenzó a hacerse cargo de ella. Tiene una hermana 21 años menor. Mirta concurrió a una escuela privada hasta que a los 12 años que decidió abandonar el colegio y comenzó a juntarse con una banda de chicos de la villa. Fue ella quien dirigía al grupo de pequeños delincuentes y era la única que estaba armada (se la había quitado a la madre que la tenía para seguridad). De esa banda de chicos es la única que quedó viva. La primera vez que cayó detenida fue tras un robo en Valentín Alsina, le quiso disparar a un policía y la bala nunca salió. Quedó un mes en una comisaría. Recuerda que robaban todos los días, los chicos del grupo iban siempre drogados: eran adictos a las pastillas y a la cocaína.“A mí no me faltaba nada, de verdad no sé por qué robaba”, dice. De los pequeños robos pasaron a robar camionetas en Puente La Noria. “Tirábamos ramas para que los autos tuvieran que parar, cuando se detenían los bajábamos a pistolazos”. A los 14 años ya tenían un aguantadero. Una vez llevaron un taxista que había ido a la villa a tomar cocaína, el hombre no quiso pagar por la droga y lo terminaron moliendo a palos entre todos, uno de esos golpes lo terminó matando: el cuerpo lo escondieron en un placard y ahí estuvo dos meses. A los 17 años quedó detenida en un Instituto de Menores. Al poco tiempo de salir empezó a robar de modo piraña. También comenzó a ir a los recitales y estadios de futbol para hurtarle a los espectadores. Recuerda en especial ir a los recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y robar a todo el que se le cruzaba. Para esa época empezó a relacionarse con la barrabrava de Independiente.Robaba colectivos repletos de pasajeros y recuerda haber baleado a un chofer que se negó a dejarla bajar luego del saqueo. A los 22 años mató a un vecino del barrio donde vivía de una puñalada por un cigarrillo. “Estaba drogada y venía ‘amanecida’, yo en esa época venía ‘mecheando’ ya no robaba de caño; una vez que el tipo cayó mUerto la agarré a mi vieja y le dije que me tomaba el palo porque había matado al Malevo”, recuerda. En la cárcel se peleó muchas veces a facazos. “Antes las peleas eran una contra una, ahora te agarran de a diez; los códigos se terminaron”, dice. Se enamoró muchas veces de otras internas y tuvo varias parejas. Llegó a autodenunciarse por un robo para poder quedarse con su pareja en prisión. Asegura haber matado cinco personas más en el transcurso de estos años, pero nunca fue imputada por eso. “De verdad no sé cuánta gente maté, dejé mal herida muchas personas que se quedaron tumbadas y yo salí corriendo y no supe más nada”, cuenta sin inmutarse. Tiene los brazos todos tajeados. Se define como "impulsiva" y recuerda que se "cortaba" para no llorar y liberar el dolor. Dice que ya está grande y que perdió 20 años de su vida en prisión. Tiene tres hijos y dos nietos. “No verlos es lo que me mata”, asegura. La entrevista completa de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias: Aquí 

    miércoles, 10 de abril de 2019

    LA REINA, UNA DE LAS MUJERES MÁS TEMIDAS EN EL MUNDO NARCO, REVENTABA A LOS TIROS COCINAS DE COCAÍNA

    La imagen puede contener: 2 personas, incluido Laura Quiñones Urquiza, personas sentadas e interior
    Carolina Escobedo  tiene 32 años y le dicen “La Reina”. Está detenida condenada a cuatro años por tentativa de venta de estupefacientes. Lleva dos años en prisión. Nació en Morón y se crió en Villa Tesei, su padre era colectivero y la madre ama de casa. Ella es la mayor de cinco hermanos, el hermano que le sigue, está detenido por secuestro. Los padres se separaron cuando ella tenía 8 años, su madre empezó a salir a trabajar por las penurias económicas y se empezaron a quedar solos. Ella se encargaba de cuidar a sus hermanitos. “Cuando tenía 10 años me empecé a dar cuenta que no podía depender de nadie, estábamos solos. Me empecé a quedar con cosas ajenas cuando me di cuenta que mi vieja no podía darnos lo que queríamos. Ella trabajaba de limpieza en el supermercado y estábamos todos los días solos. Lo primero que robé fue un walkman, me acompañó mi hermano”, cuenta. Si bien la madre no robaba, tenía amigos delincuentes que le pedían que les guardara lo robado en la casa. Ya a los 14 años iba con el hermano a robarle a la gente a la salida del mercado. “Usábamos los fierros que dejaban los amigos de mi vieja en la casa”. Terminó el colegio en una nocturna siendo ya adulta y cuando era chica la echaron de nueve colegios porque todo el tiempo se agarraba a trompadas. Ya de más grande comenzó a hacer entraderas y manejar un grupo de gente que le respondía. Le empezaron a decir "La Reina". “Yo era muy manipuladora, así la mujer estuviera pariendo tenían que dejar todo y venir a buscarme. Una noche mía era una semana para una persona normal. Cuando robo a mí me gusta el quilombo, nada de entrar y llevarse las cosas, yo quería gritar y pegar culatazos si hacía falta”, dice sin rodeos. En una entradera en Castelar una mujer intentó defenderse y "La Reina" la golpeó salvajemente hasta que se desmayó. “Pensé que la había matado”, asegura. En Villa Tesei la respetan todos, “a un tranza que quiso pasarse de vivo le metí un tiro en la gamba, es que en el barrio eran todos zombies. Yo también fui adicta al crack”. En una época también fue pirata del asfalto. “Hacía la inteligencia, porque mis compañeros eran escandalosos y asesinos, pero no eran inteligentes, y robábamos las camionetas de los cigarrillos”. Por su historial en Villa Tesei, un capo narco la contactó para que fuera custodia de su mujer. Le pagaba entre 5000 y 9000 pesos por día, además le dio una 45 automática. Con el paso del tiempo, empezó a ser la persona de mayor confianza del narcotraficante y comenzó a ir con él. “Siempre nos movíamos en tres autos. Adelante iban los soplones que nos decían dónde estaba la policía, en el segundo íbamos nosotros que éramos los que teníamos la droga y los fierros y el tercero era el legal, era el que chocaba al patrullero si había una persecución, tenía todo en blanco y no parecía que tuviera nada que ver con nosotros”, recuerda y dice que esta estrategia se le ocurrió a ella. En esta época también empezaron a ajustar a las cocinas de droga del conurbano que le debían plata al narco. “Es que a mí no me temblaba el pulso”. Una vez en una quinta de General Rodríguez dice que ejecutaron al dueño de la cocina delante de ella y se llevaron toda la droga. Como parte de pago su jefe le dio medio kilo de cocaína que repartió entre sus amigos del barrio para que vendieran. Tiene tres hijas que viven con su madre. Carolina no soporta la cumbia y tiene un tatuaje del Gauchito Gil en el brazo derecho. Cuando cayó detenida por esta intentó fugarse de la comisaría, logró salir, pero la agarraron al poco tiempo. De la bronca se cortó los brazos. En la cárcel se peleó y robó a otras internas. “Estoy arrepentida de estar acá adentro, pero no de mi pasado delictivo. Yo voy a salir de acá y voy a seguir siendo La Reina”. Aquí