jueves, 30 de mayo de 2019

lunes, 20 de mayo de 2019

YO NACÍ EN CUNA DE ORO, LAS MOTIVACIONES DE UN NIÑO RICO


Esta es la historia de Matías Parisi Pérez. Tiene 32 años y está detenido hace un año y dos meses. Fue condenado por robo agravado a 5 años de prisión. Esta es su tercera condena. A diferencia de otros presos, Matías no pasó necesidades en su infancia y dice que eligió ser delincuente. Nació en Villa Madero, La Matanza, en una casa de clase media acomodada, su padre era gerente en una reconocida empresa de supermercados y su madre se quedaba en casa para cuidarlo a él y a su hermana. Matías fue el primogénito. “A mí nunca me faltó nada, yo nací en cuna de oro”, cuenta.

Los problemas empezaron cuando sus padres se separaron. Matías tenía 11 años, su papá se fue a vivir al exterior por trabajo y los mantenía enviando dinero cada mes. A esa edad comenzó a consumir porro y con el tiempo se volvió adicto a la cocaína. “Ahí agarré la calle y a los 13 años dejé el colegio”, recuerda. Su primer robo fue a esa edad, robó una moto. La primera arma que tuvo en sus manos fue un 38 special que le costó 200 pesos. La compró en la villa El Lucero de La Matanza. “Empecé a robar por hazaña, no necesitaba nada. Todos mis amigos y yo éramos pibes de guita, eramos pibes bien; ninguno necesitaba robar. Además, íbamos a la cancha a ver a Chicago, robé muchas veces con la barra de Los Perales”, dice. A los 16 años su familia lo internó en un centro de rehabilitación y ahí los problemas se profundizaron. Cuando salió todo empezó a volverse más violento. Al dueño de un supermercado chino le voló la pierna de un tiro porque no quería darle la plata. ”La primera vez que caí en cana fue por el robo a un mayorista, le robamos 15mil dólares; pero a las pocas cuadras nos empezaron a perseguir y nos hicieron un operativo cerrojo, tenía 18 años y fui a Devoto”, recuerda. Cuando salió empezó a hacer “ranchos”, abrían las casas con la gente adentro con una tarjeta tumbera. “Si no tiene la doble traba puesta, te abrimos cualquier puerta; la tarjeta tumbera que llevábamos la hacíamos con tapitas. Yo me encargaba de reducir a la gente”. En una de esas entraderas, rociaron con nafta al dueño de casa porque no quería decirles dónde estaba la plata. Empezó a parar con una banda de Lugano 1 y 2, porque en ese barrio había mucha gente que pasaba datos de lugares donde había plata. Para esa época ya se había tiroteado varias veces con la policía. Volvió a ver a su padre que había vuelto a la Argentina y se había mudado a un country en Cañuelas, durante una visita a la casa conoció a una pareja amiga del padre que eran joyeros. Decidió desvalijarlos. “El robo al country fue de película, todo disimulado. Entramos a la casa y nos llevamos todo”. Durante un enfrentamiento en el barrio El Morro con una banda rival de Villa Jardin en Lanus, ejecutó a un rival que intentó matarlo. “Le dimos con mi socio más de seis tiros y lo rematamos en el suelo; encima era un guacho, pero era él o nosotros”, dice sin inmutarse. En 2011 volvió a caer detenido en Villa Celina, fueron a robarle a un narco paraguayo que tenía vínculos con el jefe de calle policial (que además era conocido de su familia). Entraron a la casa, se llevaron la droga y la plata, pero a las pocas cuadras la policía los encontró: “dejaron que el narco me pegara, me molió a palos, el jefe de calle que era amigo de mi cuñado lo dejaba que me fajara; por esa causa estuve en cana hasta 2015”. En el KM35 de La Matanza tuvo otro enfrentamiento con un banda narco paraguaya, “nos cagaron a tiros con metralletas, son heavys los paraguas”, cuenta. “Cuando salí en cana por última vez, empecé a trabajar en una colchonería. Estaba bien de plata, empecé a salir de joda y a los seis meses empecé a robar de vuelta. Es que me enteraba que en un lugar había 200 mil pesos y me volvía loco, era más fuerte que yo. Si te cagas de hambre en la calle sos el peor, porque en la calle está la plata”, dice. La última vez que cayó detenido fue por el robo al dueño de una remiseria VIP que trabajaba con turistas. “Lo apreté de chucu (de chamuyo) y me dio todo. En la huida terminé chocando y casi me muero, salí por el parabrisas y no me despertaba, mi socio me dio varios cachetazos para despertarme pero no hubo forma, me dejó abandonado porque sino la cana nos agarraba a los dos”. En su vida carcelaria tuvo muchos problemas, apuñaló y fue apuñalado varias veces. “En Mercedes me dieron varios puntazos que casi me muero, en Sierra Chica tuve que pelear para salvar mi vida porque en el pabellón que estaba había uno con el que había tenido bondi antes”. Hoy en día es referente del pabellón más complicado de Catán: el de los recién llegados. “A veces llegan violines y los tengo que andar cuidando para que no haya bardo, a mi no me conviene que haya quilombo porque me quitan beneficios; después están los giles que llegan por robar una cartera a una vieja o un celular, se los deja vivir pero no los dejo ni opinar”, cuenta. Tiene dos hijos, está separado de la madre de ellos desde 2013. Dice estar arrepentido de su pasado. La entrevista completa de Mauro Szeta y en análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé noticias Aquí

martes, 14 de mayo de 2019

YO SOY UN CHORRO DE SANGRE

Jose Antonio Robles Escochi “El Lágrima” tiene 32 años. Fue condenado a 10 años de prisión por robo agravado por uso de arma de fuego y enfrentamiento. Lleva 9 años detenido. En la cara lleva dos lágrimas tatuadas. Y le cuenta a Mauro Szeta por qué su delincuencia la lleva en el ADN. Nació en San Martín, en Billinghurst, el padre era delincuente y su madre ama de casa. Es el mayor de 9 hermanos. 
Fue al colegio hasta tercer grado, a esa edad se empezó a escapar de la escuela para ir a pedir en los trenes y en la calle; iba solo y lo hacía para mantener a sus hermanos. A los 12 años comenzó a robar, junto a un amigo de la misma edad. Le sacaron un revolver 22 mm a la abuela y salieron a la calle para asaltar al primero que pasara, ese día robaron a punta de pistola un auto. “En ese momento robar me daba miedo, después se empieza a hacer costumbre y lo disfrutás”, dice. Tras el primer robo fueron por más, entraban a punta de pistola a los supermercados y se llevaban la recaudación. En uno de esos robos, mataron a su compañero. En ese mismo enfrentamiento "El lágrima" hirió de gravedad a la agente policial que ejecutó a su amigo. José tiene más siete tiros en el cuerpo y uno alojado en la cabeza, en la nuca tiene más de seis heridas por cuchilladas que tuvo peleando en la cárcel. Estuvo detenido desde los 16 años por un secuestro seguido de homicidio por el que le dieron 8 años y seis meses siendo menor de edad; habían secuestrado al socio de una tabacalera y en el momento de la entrega del dinero ejecutaron al ex policía que llevo la plata. “Yo fui el primer condenado menor de edad en San Martín, ni mi abuela me pudo rescatar cuando arranqué a delinquir; todo el que sale a robar sabe que las opciones son la cárcel o la muerte”, cuenta. Su abuela había muerto cuando él tenía 13 años. Una de las lágrimas que tiene tatuada en el rostro es por ella, la otra por su amigo muerto. “Al principio era todo competencia entre bandas a ver quién secuestraba y robaba más; Secuestrábamos o robábamos todos los días”, dice "El Lágrima". Su mayor botín fue un “escruche” en una fábrica, se llevaron seis millones de pesos. “Para robar la fábrica, nos metimos por el cielorraso, así pudimos evitar los censores”, dice orgulloso. Además de las puñaladas en el cuerpo tiene varias en la cabeza, “yo soy malo con los malos, si querés bondi va a haber bondi”. Hoy es el referente de uno de los pabellones más peligrosos del penal, él lleva el orden. El robo por el que está purgando pena en la Unidad 42 de Florencia Varela fue una entradera que salió mal y terminaron enfrentándose con la policía. Tiene tres hijos, dos con una mujer anterior y una nena con la actual pareja. Aunque dice no estar arrepentido de su pasado, asegura que el nacimiento de su última hija lo cambió y desea modificar su vida para poder verla crecer. La entrevista completa a uno de los hombres más temidos en todos los penales, por ser el rey de los pabellones: Aquí

lunes, 29 de abril de 2019

DANIEL ROJO, DE LADRÓN DE BANCOS A ESCRITOR


Por Laura Quiñones Urquiza, exclusivo para diario Perfil


Uno de los temas clave en criminología es poder comprender las causas y los impulsos que llevan a una persona a delinquir. No solo para entender la lógica, sino para comprender las consecuencias de esos impulsos y detectar las causas, para saber si -para alguien que robó tanto como Daniel Rojo- es posible dejar alguna vez de robar. 
Conversé con él para tratar de descifrar el misterio. Daniel Rojo, fue un mítico ladrón de más de 500 bancos a lo largo de España, luego de cumplir su última condena, se enamoró y formó una familia, pero sobre todo, pudo reinsertarse en la sociedad con diversos oficios. Fue guardaespaldas de Javier Calamaro o Leonel Messi entre otros famosos, es autor de “Gran golpe en la pequeña Andorra”, “La venganza de Tiburón”, “El secuestro de la Virgen negra”, “Confesiones de un gánster de Barcelona”, “El gran golpe del gánster de Barcelona”, “Mi vida en juego” y el reciente “Así salí del infierno de las drogas”. Además ha formado parte de elencos de series de TV y películas como Anacleto el Agente secreto junto a Imanol Arias, Quim Gutiérrez y Rosy de Palma y de la película Secuestro emitida por Netflix. 

¿Qué te llevó a escribir tus memorias?
Como tú sabes, cuando salí de la cárcel me puse a trabajar con artistas de asistente personal y el hecho de estar trabajando con artistas tanto en el ámbito de la literatura, actores, de la música, también había pues gente que se dedicaba a guiones y a hacer películas y cuando a través de los años vi que como cuando yo hablaba, ellos se quedaban con la boca abierta, pues pensé que si ellos que se dedicaban al mundo del ocio de trascribir historias y escribir historias ficticias y se ganaban la vida y se quedaban sorprendidos con lo q yo les explicaba, ahí fue un poquito cuando empecé a pensar que tenía algo que contar y ahí empezando a hablar me salieron tres novelas de mi vida Seguir leyendo 

miércoles, 24 de abril de 2019



Actualmente las causas referidas a Delitos contra la Integridad Sexual, son las de mayor fracaso investigativo, debido a las nuevas y concretas exigencias que se requiere. Este seminario permitirá que los asistentes conozcan las más avanzadas herramientas y conocimientos, para lograr su resolución  judicial.

A cargo de Lic. Walter Gorbak  y Dip. Laura Quiñones Urquiza

Criminalística de campo aplicada a la investigación criminal:

La Criminalística de Campo, abarca el trabajo técnico de investigación forense  que se desarrolla en la escena del crimen ó lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento de la investigación judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se consuma identificando a los participes.
  1. Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje.
  2. Primeros recaudos procesales y periciales a realizar en el escenario.
  3. Aplicación metodológica a desarrollar, criterios.
  4. Ordenamiento secuencial de trabajo.
  5. Personal necesario para el relevamiento pericial.
  6. Articulación peritos – personal judicial.
  7. Recolección de indicios, cadena de custodia.
  8. Pericias complementarias.
  9. Consideraciones fundamentales para la correcta interpretación.
  10. Denuncias sobre hechos antiguos, ¿cómo se debe trabajar para su corroboración pericial?.
  11. La reconstrucción.
Técnica de Perfilación aplicada a la investigación criminal:

Se buscará proporcionar conocimientos introductorios actualizados de los últimos avances en la Técnica de Perfilación Criminal o Criminal Profiling, con la elaboración básica del perfil de autor desconocido basado en evidencia conductual, aportada por los expedientes  judiciales de una investigación criminal. Comprender la criminogénesis y la violencia criminal a través del análisis de la conducta distinguiendo el Modus Operandi, de las huellas psicológicas del autor de un hecho, las lesiones y verbalizaciones. Las clases serán útiles para elaborar estrategias legales, victimología o preparación de entrevista con sospechosos.
  1. ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento?
  2. Conductas del Modus Operandi y de la Firma
  3. Parafilias
  4. Tipología de violadores
  5. Perfiles de Pederastas
  6. Códigos y círculos de Pedofilia. Pornografía Infantil.
  7. Análisis de la dinámica de un ataque sexual
  8. Análisis de las verbalizaciones
  9. Motivaciones, grados y variedades de violación
    Dirigido a:
    Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o  afines y miembros de ONG’S. 

    Modalidad:
    Presencial.

    Día de única cursada:

    Sábado 8 de junio de 11-14 y de 15 -18 h.

    Lugar:
    Paraná 425  - 5º piso. Zona Tribunales, CABA. 

    Valor total de la capacitación para inscriptos:

    Del 22/04 al 07/05 - bonificación especial $ 1500.

    Del 08/05 al 22/05 - bonificación $ 1600.

    Del 23/05 al 06/06 - valor normal $ 1700.

    INSCRIPCIONES: Aquí

    -Disponibilidad de todos los medios de pago-


    Se extiende CERTIFICADO de la capacitación e incluye coffee break.

    miércoles, 17 de abril de 2019

    YO MATÉ Y NI SIQUIERA SÉ A CUÁNTOS


    Mirta Elisabeth Isasi, también conocida como “La Pelada”, tiene 40 años y actualmente está presa por tenencia de armas. Tiene más de 14 condenas anteriores: homicidio, robos y lesiones graves a una policía. Nació en Villa Jardín, en la localidad bonaerense de Lanús y se crió con sus abuelos hasta que la madre, mejorada de sus adicciones, comenzó a hacerse cargo de ella. Tiene una hermana 21 años menor. Mirta concurrió a una escuela privada hasta que a los 12 años que decidió abandonar el colegio y comenzó a juntarse con una banda de chicos de la villa. Fue ella quien dirigía al grupo de pequeños delincuentes y era la única que estaba armada (se la había quitado a la madre que la tenía para seguridad). De esa banda de chicos es la única que quedó viva. 

    La primera vez que cayó detenida fue tras un robo en Valentín Alsina, le quiso disparar a un policía y la bala nunca salió. Quedó un mes en una comisaría. Recuerda que robaban todos los días, los chicos del grupo iban siempre drogados: eran adictos a las pastillas y a la cocaína.“A mí no me faltaba nada, de verdad no sé por qué robaba”, dice. De los pequeños robos pasaron a robar camionetas en Puente La Noria. “Tirábamos ramas para que los autos tuvieran que parar, cuando se detenían los bajábamos a pistolazos”. A los 14 años ya tenían un aguantadero. Una vez llevaron un taxista que había ido a la villa a tomar cocaína, el hombre no quiso pagar por la droga y lo terminaron moliendo a palos entre todos, uno de esos golpes lo terminó matando: el cuerpo lo escondieron en un placard y ahí estuvo dos meses. A los 17 años quedó detenida en un Instituto de Menores. Al poco tiempo de salir empezó a robar de modo piraña. También comenzó a ir a los recitales y estadios de futbol para hurtarle a los espectadores. Recuerda en especial ir a los recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y robar a todo el que se le cruzaba. Para esa época empezó a relacionarse con la barrabrava de Independiente.Robaba colectivos repletos de pasajeros y recuerda haber baleado a un chofer que se negó a dejarla bajar luego del saqueo. A los 22 años mató a un vecino del barrio donde vivía de una puñalada por un cigarrillo. “Estaba drogada y venía ‘amanecida’, yo en esa época venía ‘mecheando’ ya no robaba de caño; una vez que el tipo cayó mUerto la agarré a mi vieja y le dije que me tomaba el palo porque había matado al Malevo”, recuerda. En la cárcel se peleó muchas veces a facazos. “Antes las peleas eran una contra una, ahora te agarran de a diez; los códigos se terminaron”, dice. Se enamoró muchas veces de otras internas y tuvo varias parejas. Llegó a autodenunciarse por un robo para poder quedarse con su pareja en prisión. Asegura haber matado cinco personas más en el transcurso de estos años, pero nunca fue imputada por eso. “De verdad no sé cuánta gente maté, dejé mal herida muchas personas que se quedaron tumbadas y yo salí corriendo y no supe más nada”, cuenta sin inmutarse. Tiene los brazos todos tajeados. Se define como "impulsiva" y recuerda que se "cortaba" para no llorar y liberar el dolor. Dice que ya está grande y que perdió 20 años de su vida en prisión. Tiene tres hijos y dos nietos. “No verlos es lo que me mata”, asegura. La entrevista completa de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias: Aquí 

    miércoles, 10 de abril de 2019

    LA REINA, UNA DE LAS MUJERES MÁS TEMIDAS EN EL MUNDO NARCO, REVENTABA A LOS TIROS COCINAS DE COCAÍNA


    Carolina Escobedo  tiene 32 años y le dicen “La Reina”. Está detenida condenada a cuatro años por tentativa de venta de estupefacientes. Lleva dos años en prisión. Nació en Morón y se crió en Villa Tesei, su padre era colectivero y la madre ama de casa. Ella es la mayor de cinco hermanos, el hermano que le sigue, está detenido por secuestro. Los padres se separaron cuando ella tenía 8 años, su madre empezó a salir a trabajar por las penurias económicas y se empezaron a quedar solos.

     Ella se encargaba de cuidar a sus hermanitos. 
    “Cuando tenía 10 años me empecé a dar cuenta que no podía depender de nadie, estábamos solos. Me empecé a quedar con cosas ajenas cuando me di cuenta que mi vieja no podía darnos lo que queríamos. Ella trabajaba de limpieza en el supermercado y estábamos todos los días solos. Lo primero que robé fue un walkman, me acompañó mi hermano”, cuenta. Si bien la madre no robaba, tenía amigos delincuentes que le pedían que les guardara lo robado en la casa. Ya a los 14 años iba con el hermano a robarle a la gente a la salida del mercado. “Usábamos los fierros que dejaban los amigos de mi vieja en la casa”. Terminó el colegio en una nocturna siendo ya adulta y cuando era chica la echaron de nueve colegios porque todo el tiempo se agarraba a trompadas. Ya de más grande comenzó a hacer entraderas y manejar un grupo de gente que le respondía. Le empezaron a decir "La Reina". “Yo era muy manipuladora, así la mujer estuviera pariendo tenían que dejar todo y venir a buscarme. Una noche mía era una semana para una persona normal. Cuando robo a mí me gusta el quilombo, nada de entrar y llevarse las cosas, yo quería gritar y pegar culatazos si hacía falta”, dice sin rodeos. En una entradera en Castelar una mujer intentó defenderse y "La Reina" la golpeó salvajemente hasta que se desmayó. “Pensé que la había matado”, asegura. En Villa Tesei la respetan todos, “a un tranza que quiso pasarse de vivo le metí un tiro en la gamba, es que en el barrio eran todos zombies. Yo también fui adicta al crack”. En una época también fue pirata del asfalto. “Hacía la inteligencia, porque mis compañeros eran escandalosos y asesinos, pero no eran inteligentes, y robábamos las camionetas de los cigarrillos”. Por su historial en Villa Tesei, un capo narco la contactó para que fuera custodia de su mujer. Le pagaba entre 5000 y 9000 pesos por día, además le dio una 45 automática. Con el paso del tiempo, empezó a ser la persona de mayor confianza del narcotraficante y comenzó a ir con él. “Siempre nos movíamos en tres autos. Adelante iban los soplones que nos decían dónde estaba la policía, en el segundo íbamos nosotros que éramos los que teníamos la droga y los fierros y el tercero era el legal, era el que chocaba al patrullero si había una persecución, tenía todo en blanco y no parecía que tuviera nada que ver con nosotros”, recuerda y dice que esta estrategia se le ocurrió a ella. En esta época también empezaron a ajustar a las cocinas de droga del conurbano que le debían plata al narco. “Es que a mí no me temblaba el pulso”. Una vez en una quinta de General Rodríguez dice que ejecutaron al dueño de la cocina delante de ella y se llevaron toda la droga. Como parte de pago su jefe le dio medio kilo de cocaína que repartió entre sus amigos del barrio para que vendieran. Tiene tres hijas que viven con su madre. Carolina no soporta la cumbia y tiene un tatuaje del Gauchito Gil en el brazo derecho. Cuando cayó detenida por esta intentó fugarse de la comisaría, logró salir, pero la agarraron al poco tiempo. De la bronca se cortó los brazos. En la cárcel se peleó y robó a otras internas. “Estoy arrepentida de estar acá adentro, pero no de mi pasado delictivo. Yo voy a salir de acá y voy a seguir siendo La Reina”. Aquí

    lunes, 1 de abril de 2019

    SEMINARIO DE CRIMINALÍSTICA DE CAMPO Y TÉCNICA DE PERFILACIÓN CRIMINAL, APLICADA A LA INVESTIGACIÓN DE DELITOS SEXUALES



    Actualmente las causas referidas a Delitos contra la Integridad Sexual, son las de mayor fracaso investigativo, debido a las nuevas y concretas exigencias que se requiere. Este seminario permitirá que los asistentes conozcan las más avanzadas herramientas y conocimientos, para lograr su resolución  judicial.

    A cargo de Lic. Walter Gorbak  y Dip. Laura Quiñones Urquiza

    Criminalística de campo aplicada a la investigación criminal:

    La Criminalística de Campo, abarca el trabajo técnico de investigación forense  que se desarrolla en la escena del crimen ó lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento de la investigación judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se consuma identificando a los participes.
    1. Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje.
    2. Primeros recaudos procesales y periciales a realizar en el escenario.
    3. Aplicación metodológica a desarrollar, criterios.
    4. Ordenamiento secuencial de trabajo.
    5. Personal necesario para el relevamiento pericial.
    6. Articulación peritos – personal judicial.
    7. Recolección de indicios, cadena de custodia.
    8. Pericias complementarias.
    9. Consideraciones fundamentales para la correcta interpretación.
    10. Denuncias sobre hechos antiguos, ¿cómo se debe trabajar para su corroboración pericial?.
    11. La reconstrucción.
    Técnica de Perfilación aplicada a la investigación criminal:

    Se buscará proporcionar conocimientos introductorios actualizados de los últimos avances en la Técnica de Perfilación Criminal o Criminal Profiling, con la elaboración básica del perfil de autor desconocido basado en evidencia conductual, aportada por los expedientes  judiciales de una investigación criminal. Comprender la criminogénesis y la violencia criminal a través del análisis de la conducta distinguiendo el Modus Operandi, de las huellas psicológicas del autor de un hecho, las lesiones y verbalizaciones. Las clases serán útiles para elaborar estrategias legales, victimología o preparación de entrevista con sospechosos.
    1. ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento?
    2. Conductas del Modus Operandi y de la Firma
    3. Parafilias
    4. Tipología de violadores
    5. Perfiles de Pederastas
    6. Códigos y círculos de Pedofilia. Pornografía Infantil.
    7. Análisis de la dinámica de un ataque sexual
    8. Análisis de las verbalizaciones
    9. Motivaciones, grados y variedades de violación
    Dirigido a:
    Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o  afines y miembros de ONG’S. 

    Modalidad:
    Presencial.

    Días de cursada:
    Jueves 16 y 23 de mayo de 2019 de 18 a 21 h.

    Lugar:
    Paraná 425  - 5º piso. Zona Tribunales, CABA. 

    Valor total de la capacitación:
    Del 01/04 al 30/04 -valor bonificado- total $ 1.400,-
    Del 01/05 al 15/05 valor total $ 1.600,-

    INFORMES E INSCRIPCIONES: Aquí

    -Disponibilidad de todos los medios de pago-
    Se extiende CERTIFICADO de la capacitación e incluye coffee break.

    jueves, 28 de marzo de 2019

    YO TRABAJABA PARA ROBAR

    Brian empezó a delinquir cuando tenía 16 años. Dice que siempre quiso "romper las reglas" y habla de la adrenalina que le provocaba robar. Es cierto que “ningún pibe nace chorro”. Pero a Brian, de 30 años, le faltó poco. Lo echaron del jardín de infantes y de dos colegios primarios porque aprovechaba a que todos se fueran al recreo para robar dinero y celulares de las carteras de las maestras, golosinas del quiosco y hasta útiles de las cartucheras de sus compañeros. 
    Y no proviene de una familia con graves carencias económicas. Se crió en Bosques, partido de Quilmes, en el seno de una familia, donde, al menos desde lo material, no faltaba nada. Tanto que siempre fue a colegios privados y sus hermanos son todos profesionales. A los 16 años, ya sumergido en el delito –se dedicaba al robo de estéros que después vendía a 200 pesos cada uno- y en el consumo de todo tipo de drogas, les pidió a sus padres que lo internaran en una granja de rehabilitación. Salió dos años después y empezó a trabajar en un estudio contable. Le iba bien y hasta tenía un buen sueldo. Pero quería más. “Y siempre me gustó romper las reglas”, reconoce ahora, rodeado de rejas en la Alcaidía N°3 de Melchor Romero, donde está preso por “tentativa de homicidio”. Y entonces puso en marcha un nuevo método para robar. Su objetivo era entrar a casas desocupadas, lo que se conoce como “escruche”. Y para detectarlas se le ocurrió una idea. Empezó a trabajar como repartidor de volantes de una pizzería de la zona. Los dejaba en las puertas de las casas y unas horas después volvía a pasar. Si el volante seguía ahí, era una señal de que probablemente no hubiera nadie. Pero para cerciorarse, tocaba timbre. Si salía alguien, se excusa era pedir un vaso de agua. Y si nadie atendía, veía de qué manera ingresar, junto a un cómplice, para robar dinero, joyas y todos los elementos de valor que encontrara. Después, se especializó en asaltar a gente por la calle. Tenía la habilidad de seleccionar, en pocos segundos y con una rápida mirada, el blanco a atacar. “Enseguida veía qué reloj y qué ropa usaba. Soy un especialista en marcas. Ya con esa información sabía si tenía plata o no”, recuerda Brian. Una vez elegida la víctima, la seguía, la abrazaba y la apuntaba con un arma de fuego para que le dieran la billetera, el celular y todos los objetos de valor que tuvieran. También participó de muchos rally delictivos, donde en un rato podía robar varios comercios. Uno atrás de otro. Hizo tantos que no recuerda cuántos fueron. “Es como contar los pelos de la cabeza”, explica. Dice estar arrepentido y que si pudiera volver a la infancia “haría todo distinto”. Pero ya es tarde. El tiempo no para. La entrevista de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé noticias: Aquí

    jueves, 7 de marzo de 2019

    LE ROBABA HASTA A LOS NARCOS PARA CONSUMIR



    Está condenado a 32 años de cárcel por homicidio, aunque clama su inocencia. Matías Alejandro Coronel tiene 30 años y está detenido en una causa por resistencia a la autoridad, lesiones y homicidio simple desde hace tres años, aunque su condena es a 32 años y seis meses de prisión. La primera vez que robó tenía 16 años y ya a edad recuerda que sus amigos robaban y se burlaban de él. Así empezó, quizás, para ganarse el respeto de los demás porque dice que “no quería ser menos que ellos”. Aunque su familia le pedía que por favor no robara, pero Matías nunca los escuchó. Con los robos llegó la droga y un raid delictivo tan oscuro como peligroso. 
    Junto a un grupo de cuatro amigos armaron una banda con la que compraban todo tipo de armas y salían a robar. “Nos tomábamos un bondi a Garín y nos metíamos a robar un supermercado”, cuenta sonriente. Durante dos años hizo entraderas, robó quioscos y autos. A esa altura ya se había tiroteado una vez con la policía, pero zafó. En el año 2009 terminó detenido con 20 años por una tentativa de robo y dos años después quedó libre. Al mes de salir de prisión su novia, en medio de una discusión, le dio un escopetazo en la pierna izquierda y se la voló. Actualmente tiene una pierna ortopédica y se mueve en muletas. “Después que perdí la pierna nadie quería robar conmigo porque yo era una mochila. Ahí me las ingenié, me organicé y decidí empezar a robar a los narcos, como se dice en la jerga, trabajar prolijo”, cuenta. Se compró tres chalecos y le hizo estampar atrás “drogas peligrosas”, también compró tres colgantes con chapitas de la policía a unos manteros de Plaza Once. Tenía dos cómplices que durante los fines de semana hacían logística para caerle a los transas. Luego, caían con los autos disfrazados de policías y los saltaban. Esto lo hizo durante cinco años. Esto le trajo varios inconvenientes cuando volvió a caer detenido. Por los robos a los narcos en la cárcel lo intentaron matar a puñaladas. Tiene todo el cuerpo tatuado, inclusive la cara: en el brazo tiene un tatuaje que representa “muerte de policía”. Algunos dibujos son por su devoción a San La Muerte. “Yo le daba sangre cortándome las venas”, sostiene. Y agrega: “Cuando salí en libertad, le prometí a San La Muerte que le iba a dar sangre de otro y no cumplí, por eso me trajo acá de vuelta”. Lo que Matías atribuye a una venganza de su santo, fue un homicidio en medio de una pelea. Su padre se dedicaba a vender autos usados y una discusión con un comprador terminó a las trompadas. Su hermano tomo un cuchillo y lo mató de una puñalada. Matías y su padre quedaron detenidos, su hermano en libertad. “Mi hermano nunca me mandó un paquete de cigarrillos, tengo mucha bronca. Lo único que quiero contar es que soy inocente del homicidio: el autor fue él. El análisis de Laura Quiñones Urquiza en un Informe especial de Mauro Szeta para Telefé Noticias Aquí