lunes, 1 de junio de 2020

ENTREVISTA A GUILLERMO ZAMORA


Abogado especialista en Derecho Informático, fue uno de los primeros en el país y en divulgar a nivel continental esta especialidad, creando y dirigiendo la Red Iberoamericana ElDerechoInformatico.com que recluta a abogados informáticos a nivel intercontinental con permanente actualización de causas y estrategias para lograr justicia. Vamos a enterarnos que a veces aunque haya conductas antisociales graves en internet, no se consideran #cibercrimen y por qué. Qué denuncias sí son investigadas por las fiscalías especializadas, con qué documentacion respaldatoria deben hacerse y si fuiste víctima de un cibercrimen económico, cómo probarlo. Asimismo, qué documentación o evidencia necesita un abogado para impulsar una denuncia. Casos reales de #pornovenganza #usurpaciondeidentidad #phishing #scam #robodedinero #hostigamiento #hackeo #delitoinformatico #onlinecrime #cybercrime #cibercrimen


ENTREVISTA A JOSÉ LUIS PRIETO


Es criminólogo, especialista en Seguridad Patrimonial y Prevención de Pérdidas. Cuenta con 2 certificaciones por #AsisInternacional y es conductor del podcast "Criminología Dinámica" donde comparte claves para aplicar la criminología en empresas. Actualmente es Gerente de prevención de pérdidas en el ámbito de retail. Los Delitos de Cuello Blanco o #WhiteCollarCrimes se caracterizan mayormente por la ausencia de violencia y ataque a lo económico. De Factores de Riesgo y de Protección Criminógenos charlamos este sábado #IngenieriaSocial #SnakesInSuits #SerpientesEnTrajes #Fraude #Defraudacion #Falsificación #hurto #robodeidentidad #EspionajecCorporativo #Estafa #psicópatas



ENTREVISTA A LUIS MARCHESE


Estudió Ciencias Antropológicas con orientación en Arqueología, es Técnico en Investigación de la Escena del Crimen por Policía Judicial (Córdoba) la Universidad Siglo21, es Perito en Fotografía Pericial, es Diplomado en Criminalistica: investigación criminal por Universidad del Museo Social Argentino, es Perito Informático por Universidad Kennedy. Trabajó en la Delegación Departamental de Policía Científica San Martín de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires realizando trabajos en el lugar del hecho y participó en varios casos especiales en la Provincia de Buenos Aires. Colaboro en la elaboración de proyectos de software para la institución, trabajó en casos de informática pericial para el Ministerio Público Fiscal. Desarrolló Técnicas Fotográficas en 360° en la escena del crimen. Entre los casos especiales en los que intervino, están el de la menor Sheila Ayala (2018), Araceli Fulles (2017), Melina Romero (2014) y Giannina Violante (2010). Colaboro con la Superintendencia de Policía Científica y Asesoría Pericial de La Plata y con profesionales en pericias de Antropología Forense, exhumaciones antropológicas. Recibió el “PREMIO AL MERITO” en la departamental San Martín (2018), el Diploma de Honor “PREMIO ESTIMULO” en 2014 y 2015, 2016, 2017 por trabajos realizados en esta dependencia. Asimismo, un reconocimiento especial en 2016 “Al alto grado de profesionalidad demostrado en su especifica labor” en la Jefatura Departamental de Pilar (Provincia de Bs. As.) y obtuvo reconocimientos del Poder Judicial a la labor realizada. Es profesor titular de las materias “Auxiliar en Criminalística y Criminología” en el Instituto Positano San Martín y "Auxiliar en Criminalística y Criminología” del Instituto Balcarce. Capacita al personal de Policía Municipal de San Miguel sobre problemática criminalística y resguardo del lugar del hecho, fue profesor de la escuelas de policía local (Malvinas Argentinas 2015, 2016)



ENTREVISTA A LUIS FORERO


Psicólogo Máster en Psicología Clínica y de la Salud, Experto en Comunicación No Verbal y Detección del Engaño, Analista de Escena y Comportamental, Perfilador Criminal, Consultor con experiencia en Investigación Criminal e Inteligencia Criminal. Trabajó en la Policía Nacional de Colombia en la Dirección de Investigación Criminal DIJIN, destacándose como Investigador y Docente de la Escuela de Investigación Criminal e Instructor del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Posteriormente como funcionario del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de la Nación integró el Grupo de Comportamiento Criminal, el que coordinó, formando a la nueva generación de analistas criminales de su país. En su trayectoria en la Fiscalía General de la Nación estuvo a cargo de la jeatura de la Sección de Análisis Criminal de la Dirección Nacional del CTI. Realizó más de 500 análisis de escena, 150 análisis comportamentales y más de 200 entrevistas forenses a niños, niñas y adolescentes, víctimas de delitos sexuales.




ENTREVISTA A EMILIANO ZÁRATE


Para ver el vivo en Instagram con Emiliano Zarate investigador en informática forense que actuó en causas judiciales tremendas. Quiero que les cuente cómo preservar una prueba forense informática para acompañar una denuncia. La idea es que, si fuiste víctima de un cibercrimen y vas a hacer la denuncia, no te reboten la documentación respaldatoria por falla en la cadena de custodia, por una metida de pata garrafal o porque sin querer destruiste las pruebas. Los "qué sí y qué no" de la boca de un especialista que está del otro lado del mostrador y con muchas horas de vuelo.

sábado, 8 de febrero de 2020

ATAQUE EN MANADA: VIOLENCIA Y DOLOR COMO SINÓNIMO DE MASCULINIDAD


El asesinato de Villa Gesell permite ser analizado desde distintos ángulos. En primer lugar, se puede profundizar sobre el funcionamiento de las “patotas” o grupos como el que atacó a Fernando Báez Sosa y también es interesante pensar la cuestión de los cuerpos, el dolor y el rol de deportes de contacto, como el rugby, que practican los jóvenes de Zárate. 

Por otra parte, para la crimonología los celulares pueden aportar datos fundamentales sobre el accionar de los sospechosos, y poner en su justa proporciones factores como el alcohol o el rol de la “buena crianza” en crímenes de este tipo.

Manadas. Grupos o “patotas” como la de los diez rugbiers que atacaron en Villa Gesell generalmente tienen un líder o más, que es quien da las órdenes y selecciona a las víctimas, que pueden ser periféricas como aquellas de oportunidad que aparecen en el “lugar y momento equivocado”, o pertenecientes a otros grupos que son vistos como rivales, generalmente para comunicar quién manda en determinado territorio. Por eso los espacios abiertos son los escenarios más elegidos para atacar y dejar el cuerpo de inocentes expuestos, a la vista de todos sin necesidad de simular que no fue un brutal homicidio. 

Es importante aclarar que las llamadas “manadas”, como la que atacó a Fernando Báez Sosa, no son comparables con los grupos de varones que atacan sexualmente a mujeres o varones, básicamente porque la motivación en la primera es el poder y el castigo físico y psicológico, en la búsqueda de la valoración de la supremacía y la ferocidad, como si fuesen sinónimos de masculinidad, pero alejada de la erotización característica del ataque sexual grupal. 

Uno de los procesos de identificación que los caracterizan como miembros de distintos grupos, y excluyen al resto, es adoptar desde parches, medallas o gestos, hasta cortes de cabello o vestimenta determinada. Algunos de estos grupos comienzan con actos de vandalismo, hostigamiento hacia otros hasta ir adquiriendo un modus operandi determinado. Si su método es eficaz en cada uno de los ataques, hará que perduren en el tiempo y aumenten en violencia, hasta desplazar su “poderío” hacia otros lugares. Es esa construcción de enemigos en común lo que los une y justifica descargar en cuotas tanta violencia. Dolor. Fabián Quintero, doctor en Antropología de la Universidad Nacional de La Palta y criminólogo del Servicio Penitenciario, reflexiona sobre  los grupos deportivos en términos culturales, grupos que entrenan para ciertas prácticas específicas que implican enseñanzas, saberes y acostrumbramientos que tienen que ver con el dolor, el sufrimiento ajeno. Son deportes, como el rugby, en los que hay choques de fuerzas de cuerpos, donde los cuerpos tienen que ser fuertes para soportar el dolor, y detrás de la lógica de soportar el dolor hay un despliegue competitivo. En esos grupos se puede dar una cuestión de competencia donde el débil, el que no puede, sea altamente despreciado. Este desprecio hacia la debilidad en algunos contextos deportivos podría tener que ver con la cuestión de que los cuerpos deben soportar el dolor, y que deben ir para adelante a pesar del dolor. 

Es importante discriminar el contexto de aprendizaje, ya que  Seguir leyendo


EL PACTO DEL SILENCIO

Columna de análisis jurídico por el Dr. Ramiro Ramos Osorio, Fiscal de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas de la provincia de Salta, para Diario Perfil

Uno de los temas que más conjeturas provocó el crimen de Gesell es el supuesto “pacto de silencio” que los acusados habrían acordado mantener como metodología de defensa, una sencilla postura técnica defensista que, si bien descansa sobre garantías constitucionales, no necesariamente terminará redundando en beneficio de su situación ante la ley. 
Es una estrategia que se mantendrá sólo si todos ellos tienen  una misma asistencia letrada, porque apenas aparezcan intereses contrapuestos entre alguno de los acusados ese pacto cederá, y a partir de allí aquellos integrantes del grupo que acrediten que esa noche no intervinieron en el hecho tendrán otros objetivos legales.

Se trata de aguardar pacientemente y en silencio la recolección de las pruebas o elementos incriminantes para que, al conocer la gravedad de la acusación, adaptar los relatos de cada uno de los acusados a esa prueba, buscando desvincular a quienes no estén tan comprometidos, e inclusive, acusando directamente a los más complicados. El objetivo es eliminar los componentes de pertenencia de un grupo homogéneo, jurídicamente a una “banda” o una “manada”, lo que haría aun más salvaje su comportamiento. 

Es que si el hecho fue perpetrado Seguir leyendo

EL SOMETIMIENTO Y LA VIOLENCIA COMO MÉTODO DE AUTOSATISFACCIÓN


La impunidad y el escape contribuyen a crear la sensación de ausencia de responsabilidad. Lo que comienza como una burla del dolor ajeno escala en intensidad y rebasa límites hasta llegar a un punto máximo. Ese desprecio por la paz y la debilidad ajenas, que se exteriorizan con la humillación física o psicológica, va evolucionando y haciendo que la violencia, por sí sola, adquiera un poder y prestigio equivocados.

Los grupos violentos se caracterizan por tener dinámicas que ya fueron estudiadas por la sociología, la criminología y más aun por la psicología social, con sus reveladores experimentos sociales. El conformismo es la adaptación consciente y voluntaria de alguien a la percepción errónea de un grupo, según ha comprobado Solomon Asch, el psicólogo polaco-estadounidense reconocido por sus trabajos en esta materia.

Esta conformidad no sería exitosa entre los grupos violentos de cierta edad si sus miembros no tuviesen una propensión a las conductas antisociales o abusivas hacia personas que por ellos son vistas como "inferiores" y con atributos que les permiten deshumanizarlas o cosificarlas.

Rara vez estos grupos se inauguran con un hecho que va de mayor a menor intensidad. Por lo general se construyen de a poco y con el "ensayo-error", a modo de entrenamiento, donde la voluntad juega un papel fundamental, con procesos y ritos que los van fortificando y los pone a prueba como hermandad, y con patrones de conducta y reglas implícitas que aseguran su permanencia en el tiempo, como por ejemplo el silencio, la lealtad a un guía que conduce y a los distintos roles de cada uno de sus miembros.

Esto es signo de nuestro pasado de primates, que se manifiesta como aquiescencia a la jerarquía, como lo hacen todos los primates, incluso si somos primatus-homo sapiens. Un reflejo cotidiano de esto se ve cuando se le hace espacio al jefe o a un referente del grupo en la cabecera de la mesa; esa anuencia de la jerarquía es innata en los humanos. Pero en casos como el que está bajo escrutinio desde hace 16 días, la crueldad del líder lo hace compatible con sinónimos como autoridad, obediencia y protección.

El más violento dirige la "manada". Esto a veces coincide con que es también el sujeto más impulsivo. Estos grupos suelen buscar un justificativo para descargar y comunicar su "poderío" o su mal entendida masculinidad; salen predispuestos a reforzar sus motivos cuando aparecen signos, señales o personas determinadas.

A diferencia de las peleas callejeras que surgen en ciertos contextos, el frenesí de estas cofradías aumenta con la "ovación" del grupo -una Seguir leyendo

miércoles, 8 de enero de 2020

EL PERRO DE LA GARDEL


Esta es la historia de "El perro de la Gardel”, un detenido de 40 años que fue condenado por portación de armas a 4 años de prisión y que lleva detenido tres años y seis meses. Tuvo cuatro causas anteriores. Y te cuenta a Mauro Szeta cómo fue que llegó a estar preso. Claudio Lobertini creció en San Martín, hasta los seis años de edad estaba convencido que su abuela era la madre.

“Para mí, hasta ese momento, mi mamá era mi hermana”, recuerda. Hasta que le contaron la verdad y su madre se lo llevó a vivir con ella a Devoto. Tiene nueve hermanos. Al poco tiempo de convivir con su madre, a la mujer le sucedió un terrible accidente: intentó conectarse de forma ilegal a la red eléctrica, lo que generó una explosión por la que quedó al borde de la muerte con más del 60 por ciento del cuerpo quemado. Con su madre al borde la muerte no tenía nadie que pudiera hacerse cargo de él y lo enviaron a vivir a un hogar de tránsito. Durante tres años vivió en custodia de esa institución y no recibió visita alguna; allí comenzó a ir a la escuela pero nunca aprendió a leer ni escribir. Ya con nueve años de edad, su madre volvió a buscarlo. “Me acuerdo que apareció con toda la cara vendada, yo no la reconocí”, cuenta. La mujer lo retiró y lo llevó a vivir con ella. “Cuando volví a vivir con mi vieja ya nada era lo mismo, yo me empecé a escapar y ahí comencé a robar. Me acuerdo que me metía en las obras de construcción y me llevaba las herramientas de los empleados”, dice. Pasaba las horas en la calle con otro grupo de chicos que se dedicaban a delinquir: “para esa época la bandita tenía nombre, nos decían Los Toledo. Éramos todos pibitos que estábamos todo el día bardeando, le robábamos a todos. Por ejemplo pasaba una parejita y le sacábamos todo, éramos un cachivache”, recuerda. A los 12 años de edad tuvo su primera arma. “Lo primero que quisimos robar cuando tuve el arma fue un banco que estaba en Carabobo y Rivadavia. Era de noche, rompimos la vidriera y nos agarraron; después empezamos a robar locales de todo tipo, de caño o metiéndonos por el ventiluz”, asegura. “Una cosa que me gustaba hacer era ir a hacer bardo y buscar pelea, yo iba con la camiseta de All Boys y me iba a la cancha de Comunicaciones; o con la de Comunicaciones a la de Lama; lo hacía porque me gustaba pelear. Imaginate que me decían “whisky”, porque era chiquito pero pegaba fuerte.”, recuerda. Siempre llevaban navajas para pelear con su grupo de amigos, una pelea en la Plaza Flores cuenta que apuñaló a otro chico y lo mató instantáneamente, era 1994. Por ese hecho fue detenido a un Instituto de Menores, de ahí se escapó a los dos meses. Fugado, volvió a delinquir: ahí el objetivo fueron los taxistas. Pasó un tiempo viviendo prófugo hasta que lo volvieron a detener. A los 16 años, el dueño de unos videojuegos adonde él iba a pasar día, y quien muchas veces le daba de comer a Claudio, solicitó hacerse cargo de él y adoptarlo. Fue a vivir con él y su pareja, pero a los siete meses se metió en un colegio privado para pelear con un alumno que le había gritado desde la calle, “subí y le rompí un banco de la escuela en la cabeza; lo tuvieron que internar. Yo tenía la ropa llena de sangre, volví a la casa y decidí irme a vivir a Capilla del Monte. Ahí viví tres años”. Vivió unos meses sin robar pero la tentación pudo más que él, con unos compañeros decidió desvalijar un local completo de electrodomésticos. Luego de tres años, volvió a vivir a Buenos Aires. Regresó a San Martín, intentó ordenar su vida. Empezó a trabajar en una textil pero renunció al poco tiempo. Volvió a juntarse con viejos conocidos y empezaron a hacer salideras de bancos. “Eran todos entregados, una vez uno se complicó y para poder escapar le tuve que meter un tiro a un cobani y casi lo mato”, recuerda. Estuvo detenido 7 años por ese hecho, “en la cárcel tuve que pelear por mis cosas, recibí muchísimas puñaladas, pero yo me cargué a más de seis”, dice sin remordimiento. Una vez que salió, fue a vivir a la Villa Carlos Gardel. Ya tenía 27 años. “Me decían El Perro porque tengo un carácter muy fuerte, yo salía con el fierro y tiraba al aire y gritaba que el que quisiera morir que pasara por mi casa”, cuenta. Su apodo además responde a un rictus que tiene sobre la comisura del labio superior que se asemeja a un perro que quiere atacar. “Yo fui una de las personas más peligrosas de La Gardel, los transas me pagaban protección para laburar tranquilos. Calculá que me llevaba 25mil pesos por día sin hacer nada. En esa época salía a robar una vez por año, porque no necesitaba”, asegura. “A mí es muy difícil reconocerme porque cambio todo el tiempo de aspecto, nunca tengo el mismo look para que no me reconozcan, por eso no me importa salir en la tele porque ninguno de los que le robé me puede reconocer”, dice con jactancia. En 2008 formó parte de una banda de secuestradores que raptó más de 150 personas, “teníamos secuestrados por todos los rincones de la villa: en los techos, debajo de los tanques, por los pasillos. Caímos por el secuestro de unos brasileños y volví a prisión”, cuenta con grandilocuencia. Ahora está detenido por una portación de arma de guerra que asegura no pudieron comprobar. Actualmente camina con una muleta porque recibió tres tiros (dos en la espalda y uno en la cadera) y le generó un problema en la motricidad. “Si pudiera cambiar miles de cosas de mi pasado las cambiaría. Yo era devoto de San La Muerte (dice tener un hueso tallado con la insignia del santo en una costilla), y ahora hace 5 años cuando me estuve por morir conocí a Dios. Me arrepiento hoy de todo, nada valió la pena, tengo una fama y nada más”, asegura. Tiene nueve hijos, cinco de sangre y cuatro de su actual pareja, a quien cuida como propios.
Ver la entrevista

jueves, 5 de diciembre de 2019

YO SOY EL PELUQUERO DE LA CÁRCEL


Jonathan Lucas Matías Ceballos, Fue condenado a perpetua por un homicidio que dice no haber cometido, actualmente apeló la condena y se encuentra en revisión. Vivió en San Martín, en el barrio Libertador, y luego se fue a San Miguel. Sus padres se separaron cuando tenían 6 años. Tiene nueve hermanos, él es el mayor y el único que se dedicó a delinquir. Fue al colegio hasta segundo año del secundario y luego dejó para empezar a trabajar como carnicero. 

Su primer robo fue producto de un problema económico: “empecé a robar por una necesidad de un momento, mi mujer estaba embarazada, no tenía un mango y salió ir a robar con unos pibes del barrio que robaban cosas menores: asaltamos a un prestamista, un trabajo entregado. Como ví que el delito se pagaba igual si era una bolsa de una vieja que un banco, empecé a pensar grandes objetivos”, cuenta.Empezó a robar lugares que estuvieran asegurados. “Si hacíamos una sucursal bancaria, uno apuntaba a un policía de la garita, otro a la gente y el último entraba y se llevaba la plata”, relata. Las salideras bancarias eran diarias. “Cuando vos vas a robar necesitas que la o las víctimas estén tranquilas, no hay que hacerla poner nerviosa cuando están en el piso”, cuenta. Una vez durante el robo a una joyería tuvo que tirotearse con la policía para poder escapar. “En la balacera dejamos heridos a 18 policías, yo estaba con chaleco e igual recibí cuatro balazos; el auto quedó como un colador. De ahí nos llevamos varios Rolex (los relojes de alta gama). Estando detenido me crucé en un penal al mismo policía que estuvo a cargo del operativo; yo era el peluquero de la cárcel y él se acercó para cortarse el pelo. Cuando lo vi le dije ´¿qué hacemos, lo seguimos o lo dejamos acá? Él me contestó que lo dejábamos ahí´. El 20 de agosto de 2008 intentó robar el banco Galicia de Merlo, “el robo lo hice, pero me imputaron un homicidio que yo no hice, ni tuve que ver. La policía me tenía como objetivo, me seguían todos los policías de la zona. Me empapelaron con esta causa por el robo al Banco Francés de General Rodriguez; como salimos caminando por la puerta de adelante; el jefe de calle lo tomó como un insulto y me la tenía jurada. Yo fui ladrón, pero no homicida, el delito que se me imputa no lo hice”, asegura. En la cárcel terminó el secundario e hizo múltiples cursos universitario, es el peluquero de la cárcel. Tiene cuatro hijos a quienes ve regularmente. La entrevista de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza Aquí