jueves, 5 de septiembre de 2019

XII REUNIÓN DE ABOGADOS PENALISTAS DE MÉXICO

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14 de septiembre de 10 a 10:45 h. Conferencia "HEMATOFILIA CRIMINAL", análisis de casos desde la Técnica de Perfilación Criminal, por Laura Quiñones Urquiza en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca

YO Y MI MUJER


Antonio Pelegrno Gallucio Sai, alias “Viejo Larry”. Tiene 52 años y está condenado a reclusión perpetua por homicidio doblemente calificado con alevosía y criminis causa. Lleva 8 años detenido. Se crió en Lanús, su padre tenía una empresa dedicada a hacer picanas eléctricas para usar en el campo; por su alcoholismo los socios lo apartaron y terminó siendo empleado. Su madre era ama de casa hasta que tuvo que salir a trabajar como empleada doméstica cuando el padre entró en desgracia. Antonio presenció muchas veces maltratos verbales y físicos del padre.

Tuvieron tres hijos, Antonio fue el del medio, ninguno de los otros dos delinquió. 
Antonio cursó el primario y el secundario con normalidad; se recibió de dibujante publicitario pero no llegó a ejercer, “es que pagaban dos mangos, no me servía, yo quería tener mis cosas. Así que me dediqué a ser chorro. Arranqué a drogarme con pastillas, marihuana y después vino la merca que me arruinó. Vivía de gira, yo no tenía un mango y alrededor mío había todos pibes de guita, yo quería plata y arranqué a cortar autos; de ahí pasé a hacer raid delictivo, arrancábamos una avenida y la pelábamos completa, imagínate que robábamos avenida Mitre desde Avellaneda a Wilde”, cuenta. Cuando empezó a robar lo hacía diariamente, a los 22 años para salvar su vida tuvo que tirotearse con un custodio de una curtiembre, “no lo maté, pero le di varios tiros”. “Después de los raids y los autos, pasamos a hacer salideras bancarias y al tiempo blindados. Yo robaba con La Garza Sosa (era mi cuñado), con Murdock, con Tractorcito; con el que nunca robé es con el Gordo (Valor) porque para mí siempre fue un cobani”, la bronca con Valor era tan grande que ni siquiera aceptaba compartir pabellón con él. Se tiroteo varias veces con la policía, una de ellas fue tras un robo al Banco Itau de Rivadavia al 7000. Su primera mujer delinquía junto a él, los dos cayeron detenidos. Ella salió antes de prisión y volvió a robar con otro grupo, durante el asalto a una financiera la mató la policía. Pasó más tiempo en prisión que afuera, en la cárcel perdió un pulmón y fue apuñalado varias veces. En el 2001 empezó a secuestrar, “se hacía un par de días de logística y le caíamos a la víctima; si el pibe era del mismo barrio que yo, se lo entregaba a otro y ese me daba una parte de la guita. En un secuestro llegamos a sacar 1 millón de pesos. Nunca me dio pena un secuestrado porque siempre fueron gente de mucha guita”, dice. En el 2004 se fugó de la comisaría 1ra de Lanús cortando una reja de un patio, estuvo prófugo 1 año y medio. Estando prófugo asaltaron un camión de pilas en Barracas y, luego de una balacera infernal, lo agarró la policía. Estando preso en Campana conoció a su última mujer. Por intermedio de ella se empezó a relacionar con punteros políticos quienes empezaron a contactarlo para robar para la política. “Nosotros nos vestíamos como policías y cortábamos los camiones que traían las drogas oncológicas pagadas por el Estado cuando cruzaban el puente Zarate-Brazo Largo; los datos nos los daba una puntera política que después fue concejal, por cada camión nos quedábamos 4 millones de pesos”, cuenta. Esta mujer decidió no pagarle uno de los camiones y él fue a buscarla para reclamar su parte, “la encontré a la madre y me dio una plata, al otro día apareció asesinada la madre y me acusaron a mí, yo no lo hice”, asegura. Tiene HIV desde hace 30 años, actualmente vive en un pabellón de población. No tuvo hijos y su familia no lo visita. La entrevista de Mauro Szeta y en análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticas Aquí

jueves, 29 de agosto de 2019

PSICÓPATAS INTEGRADOS


Psicópatas Integrados, Delincuentes Sexuales, Potenciales homicidas y Criminología del Desarrollo en el programa "4 Caras Bonitas"  conducido por Diego Sucalesca acompañado por Anabel Cherubito, Tamara Bella, Pollo Cerviño y Hernán Villar, en Canal de la Ciudad

sábado, 24 de agosto de 2019

CAPACITACIÓN A MAGISTRADOS Y FUNCIONARIOS DE MISIONES

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Acto de apertura del Taller de Técnica de Perfilación Criminal aplicada a Delitos Sexuales y Homicidios, a cargo del Dr. Froilán Zarza, Presidente del Superior Tribunal de Justicia y de la Dra. Liliana Mabel Picazo, Ministra del STJ, quienes resaltaron la importancia y la perspectiva distinta de abordaje para este tipo de delitos. El perfilado es una técnica de investigación criminológica mediante la cual pueden llegar a identificarse y determinarse las principales y distintivas características de personalidad, de relación social y de comportamiento de determinados delincuentes, basándose en las evidencias observables en el crimen, o la serie de crímenes que se han cometido, en la forma en la que se han llevado a cabo, y en el estudio de los diferentes escenarios en los que éstos han tenido lugar. El objetivo principal de esta técnica es colaborar en la investigación de determinados delitos, aportando información de utilidad a la policía para la captura de un delincuente desconocido. Asimismo intenta separar a los delincuentes de la población general, por lo que se constituye en uno o más de los instrumentos del proceso de la identificación individual de los mismos. El taller se dictó en dos módulos, uno sobre delitos sexuales y el otro referido a homicidios y participaron ministros, magistrados, funcionarios y agentes del poder judicial de las ciudades de Eldorado y Posadas

YO SOY MUY MALO: SECUESTRÉ, MUTILÉ Y MATÉ


Cristian Alejandro Grippo, más conocido como “Lulo”, tiene 26 años y está condenado a 5 años y 6 meses de prisión por doble robo calificado con el uso de arma. Lleva tres años detenido. Previamente tuvo una condena por secuestro extorsivo. Nació en San Isidro, en la villa La Cava.

El padre está preso, tiene cuatro homicidios en su haber, con una condena a 34 años de prisión; su madre trabaja como empleada administrativa en la municipalidad, pero lo abandonaron al año y medio de edad y fue adoptado por otra familia donde sufrió maltrato. Tiene nueve hermanos de su familia adoptiva. De su familia biológica, él fue el tercero. A sus dos hermanos sí los cuidaron, a él lo dejaron. El padre adoptivo le ponía muchos límites y falleció cuando él era un nene. Fue en ese momento que su mundo se derrumbó. “A los 10 años me fui de la casa para empezar a tener lo mío”, cuenta. Se fue a vivir a la villa Cri Cri en Garín y comenzó a vivir junto a otros chicos de la misma edad que eran pibes chorros. Su primera arma la compró en la villa. Él fue el único de todos sus hermanos que se convirtió en delincuente. Los chicos empezaron a crecer y de hurtos pasaron a robo a mano armada; luego supermercados, más tarde entraderas y finalmente comenzaron a secuestrar.  Dice haber sido el líder del grupo delictivo conocido mediáticamente como “La banda de la metra”. “Yo daba vueltas solo, llegaba a la casa y daba las indicaciones, a mí me gustaba ajustar”, recuerda. Salían a robar todos los días. “Una vez maté a un transa del barrio que me baleó la pierna, después que disparó fui al otro día y le di dos tiros en la cabeza”, dice sin ningún tipo de culpa. “El primer secuestro fue después de una entradera, el tipo no tenía plata y lo llevamos a dar vueltas por varios lugares. Lo tuvimos cinco días, le decíamos que si no nos daba plata íbamos a matar a la mujer y a los hijos. Así y todo, el tipo no largaba la plata, recién al cuarto día nos la dio, mientras lo tuvimos secuestrado le pegamos bastante y yo le corté el dedo pulgar”, cuenta. Para esa altura en el aguantadero tenían un verdadero arsenal. En la villa se hacían respetar a los tiros, si alguien les disputaba el territorio Lulo iba y lo baleaba a sangre fría. “Una vez a uno que nos faltó el respeto le metí un tiro en la panza”, asegura. En la cárcel siguió con métodos de violencia. “Como yo no tengo visita, yo acá vivo robándole a los otros presos, a mí no me interesa estudiar, yo lo que quiero es tener mi carnet de limpieza (llevar adelante el pabellón), y adonde llegaba me tenía que apuñalar con cuatro o cinco para sacarlos del pabellón y quedarme con el lugar. Llegaba, esperaba que se fueran los polis y arrancaba con la faca”, explica su forma de vida tras las rejas. Tiene un tatuaje en el antebrazo que dice “Perdono, pero no olvido”. “A mí me traicionaron mucho, te soy sincero cuando salga de acá voy a matar a un par que se quedaron con cosas mías”, lo dice mientras abre grande los ojos como cada vez que cuenta alguno de sus delitos. No se arrepiente de nada, lo único que le duele es haber dejado sola a su hija y, por momentos, haber roto la relación con su familia. La entrevista de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza 
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CAPACITACIÓN A LA POLICÍA DE SANTIAGO DEL ESTERO



Acto de clausura, encabezado por el comisario general Gabriel Gómez, Director General de Inteligencia Criminal, junto a  Laura Quiñones Urquiza, especialista en Criminal Profiling  que capacitó a 60 cursantes, funcionarios de las Divisiones de Homicidios y Delitos Complejos y Trata de Personas de la Policía de Santiago del Estero en técnica de perfilación y análisis de la conducta, aplicados a la investigación criminal aplicada a la investigación de crímenes sexuales y homicidios, entre otros delitos



SEMINARIO DE CRÍMENES EXÓTICOS

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LOS ESPERAMOS junto al Lic. Walter Gorbak para estudiar una serie de crímenes atípicos y complejos, hacia el sinuoso camino de su resolución, abordándolos desde una visión interdisciplinaria de la Escena Del Crimen a través de la Criminalística y en Criminología, la conducta criminal con la Técnica de Perfilación. Algunas opiniones de nuestros alumnos del grupo que finalizó los jueves: 
Para INSCRIPCIONES y mayores datos: Aquí

SECUESTROS VIRTUALES


A Jorge Guillermo Ivanoff le dicen "El Gitano" y está procesado por extorsión y tentativa de extorsión. Lleva tres años y dos meses detenido. Es miembro de la comunidad gitana y primo del padre del chico que atropelló a un ciclista y luego chocó inconsciente con un auto en avenida Beiró. Dice que sus hijos estuvieron con él en el cumpleaños al que asistió. 

Nació y se crió en Floresta, su padre trabajaba con empresas metalúrgicas, les vendía herramientas de corte. Su madre era ama de casa. Tiene cuatro hermanos, él es el mayor. Hizo el colegio sin problemas y ya finalizando la escuela comenzó a comprar y vender autos. La crisis del 2001 lo golpeó fuerte, perdió una casa y tuvo que irse a vivir a Posadas con sus cinco hijos. En Misiones se hizo amigo de un rosarino que compraba y vendía autos, su rubro. Sin embargo, había algo que dice que no sabía: su nuevo amigo era parte de la banda narco que competía con Los Monos por el monopolio de la droga en el Litoral, Los Arriola, y en los autos que transportaban llevaban droga. Todo cambió el día que, durante un operativo, desarticularon la banda y él también cayó preso. "Cuando se comunicaban hablaban de zapatillas y pantalones según el tipo de droga que enviaban en los autos, yo estaba en las escuchas, pero no tenía nada que ver. A mí me involucraron por ser gitano, no declaré nunca por miedo a que me mataran adentro y me comí 8 años. Cuando salí no tenía un centavo en el bolsillo, pero había aprendido un par de cosas estando en cana”, contó.En su estadía en la cárcel observó cómo hacían desde adentro los secuestros virtuales, veía que era sencillo y que sus compañeros de esa manera obtenían los números para la recarga de las tarjetas telefónicas, algo que en prisión es plata. “Llamabas al azar y le decías que tenías al pibe y lo ibas llevando, por la desesperación te terminan pasando ellos mismos todos los datos. Si por ejemplo te contestaba que no tenía un hijo, le decía: te hablo de tu hija no te hagas el pelotudo; o si no tenía hijos era un sobrino, y así entraban como caballos.” En la calle volvió a vender autos, pero decidió empezar a hacer secuestros virtuales esporádicamente. “Yo no lo hacía todos los días, sólo cuando estaba apretado”, dice. “Hacía lo mismo que vi en la cárcel: llamaba, se asustaban, pero ahora en vez de comprarte tarjetas telefónicas, te sacaban la plata en un bolso a la puerta de la casa o te la tiraban por el balcón. Sacaba casi 30 mil pesos por robo, éramos tres en la banda. Ojo, nunca apreté con fierro, mi arma era el teléfono”, se jacta. Cayó en la localidad de Alberti el 3 de mayo de 2016. “Teníamos la idea de robar ahí, porque en los pueblos chicos es más fácil, llamás y a los 10 minutos pasás por la puerta de la casa”, relató. La policía los detuvo al voleo por tener un auto desconocido en el lugar. “Por ser gitano me pusieron todos los robos que se hicieron en Mercedes, Chivilcoy y alrededores, nos exigieron que devolviéramos la plata, de robos que no cometimos, a todas las víctimas. Tuvimos que poner 240 mil pesos y quedamos detenidos igual. Él único de los tres que está en la cárcel ahora soy yo porque soy gitano.” La entrevista completa de Mauro Szeta con el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias Aquí

lunes, 29 de julio de 2019

RELATOS CRIMINALES: EL FEMICIDIO DE CAROLINA ALÓ (16)

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Fabián Tablado le había roto el tabique nasal a Carolina Aló en el Colegio. Nadie le avisó a sus padres. Un día Edgardo Aló, su padre, vio cómo le pegó un "cortito" a su hija, y lo encaró. Ante la inminencia de la escalada de violencia futura de aquel noviazgo violento y entre las 36 cartas que Tablado le escribiera a Carolina, habían algunos indicios que revelarían sus motivaciones y personalidad desafiante, que culminó en un feminicio de 113 puñaladas a la adolescente, de tan solo 16 años. El análisis de Laura Quiñones Urquiza en el segundo bloque del 8º programa de Relatos Criminales, conducido por Mauro Szeta y Paulo Kablan, emitido por Telefé el 28 de julio de 2019 Aquí


Foto: Walter Asensio

YO, LA ENTREGADORA


María Teresa Lacaba Brunetti tiene 30 años y está condenada por homicidio simple en ocasión de robo. Firmó un abreviado de 9 años y lleva 7 detenida. Nació y se crió en Pergamino, su papá trabajaba en el campo y su mamá era ama de casa. Era la mayor de cuatro hermanos. “Yo tuve una buena crianza, pero a veces uno elige el camino más oscuro”, recuerda. Fue al colegio hasta los 14 años y a los 15 años quedó embarazada de su novio, que robaba.

“Mi papá me decía todo el tiempo que este pibe no era bueno para mí, pero yo no lo escuchaba; ese tipo me llevó a la ruina”, dice con rencor. Con el tiempo comenzó a acompañarlo. “A mí me usaban por la presencia, yo era la que tocaba el timbre y ellos después aparecían y apretaban”, cuenta. “Yo a esa altura ya sabía tirar, él me había enseñado a usar todo tipo de armas”, recuerda. María Teresa nunca trabajó. Durante una entradera, le pidieron que ella tocara el timbre pero también que “ajustara” al dueño de casa. Sabían que adentro había 250 mil pesos y cinco kilos de marihuana, el damnificado era un transa. Se hizo pasar como compradora y cuando le abrió sacó el arma y entraron. “Cuando entramos, nos olvidamos que adentro estaba la novia del tipo, ella se escondió debajo de la cama, y en la adrenalina no la vimos; cuando la victima quiso agarrar un revolver que tenía en un cajón, yo saqué el chumbo y le metí dos tiros”, era la primera vez que tiraba a alguien, pero sabía dónde tirar. Cuando dieron vuelta el cadáver estaban los dos agujeros en la espalda. “Una vez que estábamos afuera corriendo, nos dimos cuenta que la mina se había escondido y gritábamos: dejamos viva a la mina, dejamos viva a la mina”, recuerda. El novio se huyó al Chaco y el compañero con quien entró en la casa estuvo dos días prófugo y se entregó. Ella estuvo prófuga 15 días y por recomendación del abogado se terminó entregando en un lugar público. “La verdad no siento culpa de nada, porque era mi vida o la de él, el tipo era un arruina gente”, dice con cierta jactancia. El novio quedó absuelto porque el padre pagó y demostró que no estuvo adentro de la casa y el cómplice la acusó a ella de ser la autora material; fue la única que quedó detenida. En la cárcel es conocida por su bravura. “A mí me quisieron cortar la cara por linda, me apuñalaron varias veces, pero nunca fui gato de nadie, siempre me paré de manos. Yo era de terror, no me cabían las minas que le pegan a las doñas (presas de mayor edad que no tienen vida delictiva), ni tampoco las antichorras; una vez le quisieron pegar a una doña y yo me metí y la cagué a trompadas”, asegura con orgullo. La compañera de pabellón concuerda con su relato, “acá la respetan porque se pelea con cualquiera, se ha llegado a pelear con hombres en el sum”. La entrevista completa y el análisis de Laura Quiñones Urquiza
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