lunes, 29 de abril de 2019

DANIEL ROJO, DE LADRÓN DE BANCOS A ESCRITOR


Por Laura Quiñones Urquiza, exclusivo para diario Perfil


Uno de los temas clave en criminología es poder comprender las causas y los impulsos que llevan a una persona a delinquir. No solo para entender la lógica, sino para comprender las consecuencias de esos impulsos y detectar las causas, para saber si -para alguien que robó tanto como Daniel Rojo- es posible dejar alguna vez de robar. 
Conversé con él para tratar de descifrar el misterio. Daniel Rojo, fue un mítico ladrón de más de 500 bancos a lo largo de España, luego de cumplir su última condena, se enamoró y formó una familia, pero sobre todo, pudo reinsertarse en la sociedad con diversos oficios. Fue guardaespaldas de Javier Calamaro o Leonel Messi entre otros famosos, es autor de “Gran golpe en la pequeña Andorra”, “La venganza de Tiburón”, “El secuestro de la Virgen negra”, “Confesiones de un gánster de Barcelona”, “El gran golpe del gánster de Barcelona”, “Mi vida en juego” y el reciente “Así salí del infierno de las drogas”. Además ha formado parte de elencos de series de TV y películas como Anacleto el Agente secreto junto a Imanol Arias, Quim Gutiérrez y Rosy de Palma y de la película Secuestro emitida por Netflix. 

¿Qué te llevó a escribir tus memorias?
Como tú sabes, cuando salí de la cárcel me puse a trabajar con artistas de asistente personal y el hecho de estar trabajando con artistas tanto en el ámbito de la literatura, actores, de la música, también había pues gente que se dedicaba a guiones y a hacer películas y cuando a través de los años vi que como cuando yo hablaba, ellos se quedaban con la boca abierta, pues pensé que si ellos que se dedicaban al mundo del ocio de trascribir historias y escribir historias ficticias y se ganaban la vida y se quedaban sorprendidos con lo q yo les explicaba, ahí fue un poquito cuando empecé a pensar que tenía algo que contar y ahí empezando a hablar me salieron tres novelas de mi vida Seguir leyendo 

miércoles, 24 de abril de 2019



Actualmente las causas referidas a Delitos contra la Integridad Sexual, son las de mayor fracaso investigativo, debido a las nuevas y concretas exigencias que se requiere. Este seminario permitirá que los asistentes conozcan las más avanzadas herramientas y conocimientos, para lograr su resolución  judicial.

A cargo de Lic. Walter Gorbak  y Dip. Laura Quiñones Urquiza

Criminalística de campo aplicada a la investigación criminal:

La Criminalística de Campo, abarca el trabajo técnico de investigación forense  que se desarrolla en la escena del crimen ó lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento de la investigación judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se consuma identificando a los participes.
  1. Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje.
  2. Primeros recaudos procesales y periciales a realizar en el escenario.
  3. Aplicación metodológica a desarrollar, criterios.
  4. Ordenamiento secuencial de trabajo.
  5. Personal necesario para el relevamiento pericial.
  6. Articulación peritos – personal judicial.
  7. Recolección de indicios, cadena de custodia.
  8. Pericias complementarias.
  9. Consideraciones fundamentales para la correcta interpretación.
  10. Denuncias sobre hechos antiguos, ¿cómo se debe trabajar para su corroboración pericial?.
  11. La reconstrucción.
Técnica de Perfilación aplicada a la investigación criminal:

Se buscará proporcionar conocimientos introductorios actualizados de los últimos avances en la Técnica de Perfilación Criminal o Criminal Profiling, con la elaboración básica del perfil de autor desconocido basado en evidencia conductual, aportada por los expedientes  judiciales de una investigación criminal. Comprender la criminogénesis y la violencia criminal a través del análisis de la conducta distinguiendo el Modus Operandi, de las huellas psicológicas del autor de un hecho, las lesiones y verbalizaciones. Las clases serán útiles para elaborar estrategias legales, victimología o preparación de entrevista con sospechosos.
  1. ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento?
  2. Conductas del Modus Operandi y de la Firma
  3. Parafilias
  4. Tipología de violadores
  5. Perfiles de Pederastas
  6. Códigos y círculos de Pedofilia. Pornografía Infantil.
  7. Análisis de la dinámica de un ataque sexual
  8. Análisis de las verbalizaciones
  9. Motivaciones, grados y variedades de violación
    Dirigido a:
    Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o  afines y miembros de ONG’S. 

    Modalidad:
    Presencial.

    Día de única cursada:

    Sábado 8 de junio de 11-14 y de 15 -18 h.

    Lugar:
    Paraná 425  - 5º piso. Zona Tribunales, CABA. 

    Valor total de la capacitación para inscriptos:

    Del 22/04 al 07/05 - bonificación especial $ 1500.

    Del 08/05 al 22/05 - bonificación $ 1600.

    Del 23/05 al 06/06 - valor normal $ 1700.

    INSCRIPCIONESAquí

    -Disponibilidad de todos los medios de pago-


    Se extiende CERTIFICADO de la capacitación e incluye coffee break.

    miércoles, 17 de abril de 2019

    YO MATÉ Y NI SIQUIERA SÉ A CUÁNTOS


    Mirta Elisabeth Isasi, también conocida como “La Pelada”, tiene 40 años y actualmente está presa por tenencia de armas. Tiene más de 14 condenas anteriores: homicidio, robos y lesiones graves a una policía. Nació en Villa Jardín, en la localidad bonaerense de Lanús y se crió con sus abuelos hasta que la madre, mejorada de sus adicciones, comenzó a hacerse cargo de ella. Tiene una hermana 21 años menor. Mirta concurrió a una escuela privada hasta que a los 12 años que decidió abandonar el colegio y comenzó a juntarse con una banda de chicos de la villa. Fue ella quien dirigía al grupo de pequeños delincuentes y era la única que estaba armada (se la había quitado a la madre que la tenía para seguridad). De esa banda de chicos es la única que quedó viva. 

    La primera vez que cayó detenida fue tras un robo en Valentín Alsina, le quiso disparar a un policía y la bala nunca salió. Quedó un mes en una comisaría. Recuerda que robaban todos los días, los chicos del grupo iban siempre drogados: eran adictos a las pastillas y a la cocaína.“A mí no me faltaba nada, de verdad no sé por qué robaba”, dice. De los pequeños robos pasaron a robar camionetas en Puente La Noria. “Tirábamos ramas para que los autos tuvieran que parar, cuando se detenían los bajábamos a pistolazos”. A los 14 años ya tenían un aguantadero. Una vez llevaron un taxista que había ido a la villa a tomar cocaína, el hombre no quiso pagar por la droga y lo terminaron moliendo a palos entre todos, uno de esos golpes lo terminó matando: el cuerpo lo escondieron en un placard y ahí estuvo dos meses. A los 17 años quedó detenida en un Instituto de Menores. Al poco tiempo de salir empezó a robar de modo piraña. También comenzó a ir a los recitales y estadios de futbol para hurtarle a los espectadores. Recuerda en especial ir a los recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y robar a todo el que se le cruzaba. Para esa época empezó a relacionarse con la barrabrava de Independiente.Robaba colectivos repletos de pasajeros y recuerda haber baleado a un chofer que se negó a dejarla bajar luego del saqueo. A los 22 años mató a un vecino del barrio donde vivía de una puñalada por un cigarrillo. “Estaba drogada y venía ‘amanecida’, yo en esa época venía ‘mecheando’ ya no robaba de caño; una vez que el tipo cayó mUerto la agarré a mi vieja y le dije que me tomaba el palo porque había matado al Malevo”, recuerda. En la cárcel se peleó muchas veces a facazos. “Antes las peleas eran una contra una, ahora te agarran de a diez; los códigos se terminaron”, dice. Se enamoró muchas veces de otras internas y tuvo varias parejas. Llegó a autodenunciarse por un robo para poder quedarse con su pareja en prisión. Asegura haber matado cinco personas más en el transcurso de estos años, pero nunca fue imputada por eso. “De verdad no sé cuánta gente maté, dejé mal herida muchas personas que se quedaron tumbadas y yo salí corriendo y no supe más nada”, cuenta sin inmutarse. Tiene los brazos todos tajeados. Se define como "impulsiva" y recuerda que se "cortaba" para no llorar y liberar el dolor. Dice que ya está grande y que perdió 20 años de su vida en prisión. Tiene tres hijos y dos nietos. “No verlos es lo que me mata”, asegura. La entrevista completa de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias: Aquí 

    miércoles, 10 de abril de 2019

    LA REINA, UNA DE LAS MUJERES MÁS TEMIDAS EN EL MUNDO NARCO, REVENTABA A LOS TIROS COCINAS DE COCAÍNA


    Carolina Escobedo  tiene 32 años y le dicen “La Reina”. Está detenida condenada a cuatro años por tentativa de venta de estupefacientes. Lleva dos años en prisión. Nació en Morón y se crió en Villa Tesei, su padre era colectivero y la madre ama de casa. Ella es la mayor de cinco hermanos, el hermano que le sigue, está detenido por secuestro. Los padres se separaron cuando ella tenía 8 años, su madre empezó a salir a trabajar por las penurias económicas y se empezaron a quedar solos.

     Ella se encargaba de cuidar a sus hermanitos. 
    “Cuando tenía 10 años me empecé a dar cuenta que no podía depender de nadie, estábamos solos. Me empecé a quedar con cosas ajenas cuando me di cuenta que mi vieja no podía darnos lo que queríamos. Ella trabajaba de limpieza en el supermercado y estábamos todos los días solos. Lo primero que robé fue un walkman, me acompañó mi hermano”, cuenta. Si bien la madre no robaba, tenía amigos delincuentes que le pedían que les guardara lo robado en la casa. Ya a los 14 años iba con el hermano a robarle a la gente a la salida del mercado. “Usábamos los fierros que dejaban los amigos de mi vieja en la casa”. Terminó el colegio en una nocturna siendo ya adulta y cuando era chica la echaron de nueve colegios porque todo el tiempo se agarraba a trompadas. Ya de más grande comenzó a hacer entraderas y manejar un grupo de gente que le respondía. Le empezaron a decir "La Reina". “Yo era muy manipuladora, así la mujer estuviera pariendo tenían que dejar todo y venir a buscarme. Una noche mía era una semana para una persona normal. Cuando robo a mí me gusta el quilombo, nada de entrar y llevarse las cosas, yo quería gritar y pegar culatazos si hacía falta”, dice sin rodeos. En una entradera en Castelar una mujer intentó defenderse y "La Reina" la golpeó salvajemente hasta que se desmayó. “Pensé que la había matado”, asegura. En Villa Tesei la respetan todos, “a un tranza que quiso pasarse de vivo le metí un tiro en la gamba, es que en el barrio eran todos zombies. Yo también fui adicta al crack”. En una época también fue pirata del asfalto. “Hacía la inteligencia, porque mis compañeros eran escandalosos y asesinos, pero no eran inteligentes, y robábamos las camionetas de los cigarrillos”. Por su historial en Villa Tesei, un capo narco la contactó para que fuera custodia de su mujer. Le pagaba entre 5000 y 9000 pesos por día, además le dio una 45 automática. Con el paso del tiempo, empezó a ser la persona de mayor confianza del narcotraficante y comenzó a ir con él. “Siempre nos movíamos en tres autos. Adelante iban los soplones que nos decían dónde estaba la policía, en el segundo íbamos nosotros que éramos los que teníamos la droga y los fierros y el tercero era el legal, era el que chocaba al patrullero si había una persecución, tenía todo en blanco y no parecía que tuviera nada que ver con nosotros”, recuerda y dice que esta estrategia se le ocurrió a ella. En esta época también empezaron a ajustar a las cocinas de droga del conurbano que le debían plata al narco. “Es que a mí no me temblaba el pulso”. Una vez en una quinta de General Rodríguez dice que ejecutaron al dueño de la cocina delante de ella y se llevaron toda la droga. Como parte de pago su jefe le dio medio kilo de cocaína que repartió entre sus amigos del barrio para que vendieran. Tiene tres hijas que viven con su madre. Carolina no soporta la cumbia y tiene un tatuaje del Gauchito Gil en el brazo derecho. Cuando cayó detenida por esta intentó fugarse de la comisaría, logró salir, pero la agarraron al poco tiempo. De la bronca se cortó los brazos. En la cárcel se peleó y robó a otras internas. “Estoy arrepentida de estar acá adentro, pero no de mi pasado delictivo. Yo voy a salir de acá y voy a seguir siendo La Reina”. Aquí

    lunes, 1 de abril de 2019

    SEMINARIO DE CRIMINALÍSTICA DE CAMPO Y TÉCNICA DE PERFILACIÓN CRIMINAL, APLICADA A LA INVESTIGACIÓN DE DELITOS SEXUALES



    Actualmente las causas referidas a Delitos contra la Integridad Sexual, son las de mayor fracaso investigativo, debido a las nuevas y concretas exigencias que se requiere. Este seminario permitirá que los asistentes conozcan las más avanzadas herramientas y conocimientos, para lograr su resolución  judicial.

    A cargo de Lic. Walter Gorbak  y Dip. Laura Quiñones Urquiza

    Criminalística de campo aplicada a la investigación criminal:

    La Criminalística de Campo, abarca el trabajo técnico de investigación forense  que se desarrolla en la escena del crimen ó lugar de los hechos. Posee como finalidad la de localizar, identificar y evaluar la evidencia física que se transformará en el medio de prueba para la investigación criminal. El desempeño adecuado en esa instancia, será el sustento de la investigación judicial, donde se determinará la existencia o no de delito, y en caso de que si lo sea, se consuma identificando a los participes.
    1. Escena del crimen / lugar de los hechos – técnicas de abordaje.
    2. Primeros recaudos procesales y periciales a realizar en el escenario.
    3. Aplicación metodológica a desarrollar, criterios.
    4. Ordenamiento secuencial de trabajo.
    5. Personal necesario para el relevamiento pericial.
    6. Articulación peritos – personal judicial.
    7. Recolección de indicios, cadena de custodia.
    8. Pericias complementarias.
    9. Consideraciones fundamentales para la correcta interpretación.
    10. Denuncias sobre hechos antiguos, ¿cómo se debe trabajar para su corroboración pericial?.
    11. La reconstrucción.
    Técnica de Perfilación aplicada a la investigación criminal:

    Se buscará proporcionar conocimientos introductorios actualizados de los últimos avances en la Técnica de Perfilación Criminal o Criminal Profiling, con la elaboración básica del perfil de autor desconocido basado en evidencia conductual, aportada por los expedientes  judiciales de una investigación criminal. Comprender la criminogénesis y la violencia criminal a través del análisis de la conducta distinguiendo el Modus Operandi, de las huellas psicológicas del autor de un hecho, las lesiones y verbalizaciones. Las clases serán útiles para elaborar estrategias legales, victimología o preparación de entrevista con sospechosos.
    1. ¿Cómo investigar la mente criminal y su comportamiento?
    2. Conductas del Modus Operandi y de la Firma
    3. Parafilias
    4. Tipología de violadores
    5. Perfiles de Pederastas
    6. Códigos y círculos de Pedofilia. Pornografía Infantil.
    7. Análisis de la dinámica de un ataque sexual
    8. Análisis de las verbalizaciones
    9. Motivaciones, grados y variedades de violación
    Dirigido a:
    Abogados, personal policial, psicólogos, psiquiatras, médicos, criminalistas, criminólogos, evisceradores, estudiantes avanzados de esas carreras o  afines y miembros de ONG’S. 

    Modalidad:
    Presencial.

    Días de cursada:
    Jueves 16 y 23 de mayo de 2019 de 18 a 21 h.

    Lugar:
    Paraná 425  - 5º piso. Zona Tribunales, CABA. 

    Valor total de la capacitación:
    Del 01/04 al 30/04 -valor bonificado- total $ 1.400,-
    Del 01/05 al 15/05 valor total $ 1.600,-

    INFORMES E INSCRIPCIONES: Aquí

    -Disponibilidad de todos los medios de pago-
    Se extiende CERTIFICADO de la capacitación e incluye coffee break.

    jueves, 28 de marzo de 2019

    YO TRABAJABA PARA ROBAR

    Brian empezó a delinquir cuando tenía 16 años. Dice que siempre quiso "romper las reglas" y habla de la adrenalina que le provocaba robar. Es cierto que “ningún pibe nace chorro”. Pero a Brian, de 30 años, le faltó poco. Lo echaron del jardín de infantes y de dos colegios primarios porque aprovechaba a que todos se fueran al recreo para robar dinero y celulares de las carteras de las maestras, golosinas del quiosco y hasta útiles de las cartucheras de sus compañeros. 
    Y no proviene de una familia con graves carencias económicas. Se crió en Bosques, partido de Quilmes, en el seno de una familia, donde, al menos desde lo material, no faltaba nada. Tanto que siempre fue a colegios privados y sus hermanos son todos profesionales. A los 16 años, ya sumergido en el delito –se dedicaba al robo de estéros que después vendía a 200 pesos cada uno- y en el consumo de todo tipo de drogas, les pidió a sus padres que lo internaran en una granja de rehabilitación. Salió dos años después y empezó a trabajar en un estudio contable. Le iba bien y hasta tenía un buen sueldo. Pero quería más. “Y siempre me gustó romper las reglas”, reconoce ahora, rodeado de rejas en la Alcaidía N°3 de Melchor Romero, donde está preso por “tentativa de homicidio”. Y entonces puso en marcha un nuevo método para robar. Su objetivo era entrar a casas desocupadas, lo que se conoce como “escruche”. Y para detectarlas se le ocurrió una idea. Empezó a trabajar como repartidor de volantes de una pizzería de la zona. Los dejaba en las puertas de las casas y unas horas después volvía a pasar. Si el volante seguía ahí, era una señal de que probablemente no hubiera nadie. Pero para cerciorarse, tocaba timbre. Si salía alguien, se excusa era pedir un vaso de agua. Y si nadie atendía, veía de qué manera ingresar, junto a un cómplice, para robar dinero, joyas y todos los elementos de valor que encontrara. Después, se especializó en asaltar a gente por la calle. Tenía la habilidad de seleccionar, en pocos segundos y con una rápida mirada, el blanco a atacar. “Enseguida veía qué reloj y qué ropa usaba. Soy un especialista en marcas. Ya con esa información sabía si tenía plata o no”, recuerda Brian. Una vez elegida la víctima, la seguía, la abrazaba y la apuntaba con un arma de fuego para que le dieran la billetera, el celular y todos los objetos de valor que tuvieran. También participó de muchos rally delictivos, donde en un rato podía robar varios comercios. Uno atrás de otro. Hizo tantos que no recuerda cuántos fueron. “Es como contar los pelos de la cabeza”, explica. Dice estar arrepentido y que si pudiera volver a la infancia “haría todo distinto”. Pero ya es tarde. El tiempo no para. La entrevista de Mauro Szeta y el análisis de Laura Quiñones Urquiza para Telefé noticias: Aquí

    jueves, 7 de marzo de 2019

    LE ROBABA HASTA A LOS NARCOS PARA CONSUMIR



    Está condenado a 32 años de cárcel por homicidio, aunque clama su inocencia. Matías Alejandro Coronel tiene 30 años y está detenido en una causa por resistencia a la autoridad, lesiones y homicidio simple desde hace tres años, aunque su condena es a 32 años y seis meses de prisión. La primera vez que robó tenía 16 años y ya a edad recuerda que sus amigos robaban y se burlaban de él. Así empezó, quizás, para ganarse el respeto de los demás porque dice que “no quería ser menos que ellos”. Aunque su familia le pedía que por favor no robara, pero Matías nunca los escuchó. Con los robos llegó la droga y un raid delictivo tan oscuro como peligroso. 
    Junto a un grupo de cuatro amigos armaron una banda con la que compraban todo tipo de armas y salían a robar. “Nos tomábamos un bondi a Garín y nos metíamos a robar un supermercado”, cuenta sonriente. Durante dos años hizo entraderas, robó quioscos y autos. A esa altura ya se había tiroteado una vez con la policía, pero zafó. En el año 2009 terminó detenido con 20 años por una tentativa de robo y dos años después quedó libre. Al mes de salir de prisión su novia, en medio de una discusión, le dio un escopetazo en la pierna izquierda y se la voló. Actualmente tiene una pierna ortopédica y se mueve en muletas. “Después que perdí la pierna nadie quería robar conmigo porque yo era una mochila. Ahí me las ingenié, me organicé y decidí empezar a robar a los narcos, como se dice en la jerga, trabajar prolijo”, cuenta. Se compró tres chalecos y le hizo estampar atrás “drogas peligrosas”, también compró tres colgantes con chapitas de la policía a unos manteros de Plaza Once. Tenía dos cómplices que durante los fines de semana hacían logística para caerle a los transas. Luego, caían con los autos disfrazados de policías y los saltaban. Esto lo hizo durante cinco años. Esto le trajo varios inconvenientes cuando volvió a caer detenido. Por los robos a los narcos en la cárcel lo intentaron matar a puñaladas. Tiene todo el cuerpo tatuado, inclusive la cara: en el brazo tiene un tatuaje que representa “muerte de policía”. Algunos dibujos son por su devoción a San La Muerte. “Yo le daba sangre cortándome las venas”, sostiene. Y agrega: “Cuando salí en libertad, le prometí a San La Muerte que le iba a dar sangre de otro y no cumplí, por eso me trajo acá de vuelta”. Lo que Matías atribuye a una venganza de su santo, fue un homicidio en medio de una pelea. Su padre se dedicaba a vender autos usados y una discusión con un comprador terminó a las trompadas. Su hermano tomo un cuchillo y lo mató de una puñalada. Matías y su padre quedaron detenidos, su hermano en libertad. “Mi hermano nunca me mandó un paquete de cigarrillos, tengo mucha bronca. Lo único que quiero contar es que soy inocente del homicidio: el autor fue él. El análisis de Laura Quiñones Urquiza en un Informe especial de Mauro Szeta para Telefé Noticias Aquí

    viernes, 22 de febrero de 2019

    PSICOLOGÍA DEL TESTIMONIO, PERICIAS PSICOLÓGICO FORENSES Y ANÁLISIS DE VINCULACIÓN DE CASOS EN LA INVESTIGACIÓN DE DELITOS SEXUALES

    ¿Se pueden implantar recuerdos falsos o fraguar una pericia psicológico forense?. Entrevista sobre la  Psicología del Testimonio, Entrevista Cognitiva, Pericias Psicológicas y análisis de vinculación en la Investigación de delitos sexuales. Nicolás Lucca entrevista a Laura Quiñones Urquiza en Canal de la Ciudad 

    jueves, 21 de febrero de 2019

    YO HACÍA SALIDERAS BANCARIAS



    Diego “El Gordo” Valerga tiene 44 años. Tiene más de seis causas por robo. Robo en modalidad rapiña, salideras, escruches y bancos. Además, recuperó la barrabrava de Chicago a pedido de una de las facciones. Torturó a latigazos al jefe de la barra de Merlo por intentar asesinar a su mujer. También en prisión fue líder de pabellón y promovió varios motines.
    Se crió en Merlo centro, su padre era carpintero y su madre ama de casa. Fue el segundo de tres hermanos. Su vida fue normal, practicó taekwondo y llegó a ser tercer dan. Todo cambió a el día que su maestro de artes marciales le enseño a robar carteras, con esos primeros robos se compró una moto, tenía 11 años. A los 11 años comenzó a robar estéreos de autos, “abríamos todos los autos que había en la cuadra y le sacábamos todo lo que tenían en el interior”. También empezó a robar en el colegio: abrió y saqueó el kiosko, les sacó el sueldo de la cartera a dos maestras y les robaba a otros compañeros de la escuela. De chico era muy violento. Su vida delictiva comenzaría a expandirse con las enseñanzas de un profesor de taekwondo al que él admiraba, lo llevaba a robar carteras.
    A los 14 años empezó a drogarse y conoció a una chica de 22 años de la que se enamoró. Ella lo contactó con otros ladrones que lo perfeccionaron en el delito. Siendo todavía menor de edad, comenzó a hacer salideras bancarias con modalidad “rapiña”: “yo no usaba armas, era parte de una banda juvenil que se encargaba de arrebatar cuando los clientes salían de los bancos. La manejaba un tipo de 60 años que se llamaba Pepe, él entraba y nos marcaba “La Pinta”, yo era el encargado de agarrarlo de atrás e impedir que se moviera”. Una vez que él lo tenía atrapado, los otros chicos de la banda le hacían robo piraña.
    A los 18 años cayó preso por primera vez y lo llevaron a Caseros. Ahí recuerda que se descolgaba de los pisos superiores y bajaba al patio donde estaban los presos más grandes que le convidaban marihuana. “Éramos como las mascotas de los más grandes, ahí me enseñaron bastante”. Estando en Caseros fue líder de pabellón y promovió varios motines, les pegó a guardias y fue parte de “La Batucada” de junio del 1994 donde prendieron fuego toda la cárcel. “Imaginate que cuando salí de Caseros salí peor, creía que era Superman, que me aguantaba todo”, recuerda. Tiene varios escopetazos en el cuerpo por pelearse con los agentes del servicio. Una vez que salió comenzó a robar remises para ir a hacer raides delictivos, llegaron a robar 4 casas de electrodomésticos por día. Una vez que hacían todo el raid abandonaban el auto. También robaban camionetas para saquear locales de ropa y después revenderla. Los fines de semana iban a zona Norte y robaban motos con las que asaltaban estaciones de servicio.
    “Cuando empecé a robar era muy violento, yo entraba y pegaba; el líder de la banda que me veía sacado me agarró y me cagó pedos. Me enseñó a robar de chamuyo y sin violencia. El delincuente tiene que ser un gran actor, no es necesario hacerle daño a nadie".
    Ayudó a rescatar al tío de un cómplice del hospital Pirovano y lo escondieron en Villa La Rana. Años después cayó detenido y se lo encontró en la cárcel de Mercedes. El hombre que rescató tenía mucha ascendencia sobre la población carcelaria y en ese lugar fue amo y señor.
    Cuando salió comenzó a trabajar como custodio en un frigorífico. “Ahí trabajaba hasta las 13hs y después empecé a hacer salideras en financieras”. En 2008 lo detuvieron en luego de realizar varios robos en Pinamar y Carilo, el hecho se conoció como “la banda del guante de latex. Lo dejaron detenido en una comisaría de Dolores de donde se fugó tirando abajo una pared con un fierro.” Hacía lo que él define “escruche a la americana”, que era entrar cuando están los dueños dormidos y apretarlos con armas.
    En 2014 lo llamaron de la barrabrava de Chicago para que recuperara el lugar que le habían quitado un grupo del barrio La Antena a la facción de Los Perales a cambio de plata. La recuperó a fuerza de golpes y apretadas, “el pibe que dejé al frente de la hinchada la perdió a las dos semanas porque no le dio para aguantarla; yo no volví porque a mí no me importa nada el futbol”. Ese mismo año agarró a una pareja que salía de una financiera y se llevó un bolso con 200mil dólares.
    Se tiroteó muchas veces con la policía. En 2015 le metieron un tiro en el antebrazo en La Reja, “herido no podía ir al hospital, me fue al barrio Rififi de los gitanos, ahí me curaron”. Estando ya en Merlo, empezó a apretar a los tranzas del barrio para que le pagaran por laburar tranquilos en el barrio. Comenzaron a pagarle la protección. En 2016 en una pelea en el barrio le metió un tiro en la pierna a uno de los líderes de la barra de Merlo en una disputa por unos gramos de cocaína, por ese motivo el hermano del agredido quiso ejecutar a su mujer de un tiro en la cabeza, la bala no salió. Diego al enterarse lo raptó, lo ató en el fondo de su casa y lo molió a golpes y a latigazos.
    Por su fama de matón, lo llamaban los dueños de casas usurpadas para que les sacara de adentro a los invasores. Hizo muchos de esos trabajos a pedido.
    En este momento está detenido por encubrimiento simple por comprar una moto robada (él dice que es inocente y que esta causa es en venganza por manejar el barrio), lleva ocho meses en la unidad 39 de Ituzaingó. La entrevista de Mauro Szeta y el análisis completo por Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias Aquí

    jueves, 7 de febrero de 2019

    YO JUGUÉ EN LAS LIGAS MAYORES DEL DELITO


    Julio Jorge Cordero Barreiro tiene 49 años, está condenado a 16 años de prisión por homicidio simple de los cuales ya lleva 13 años detenido. Actualmente está en la Unidad 28 de Magdalena, pero antes tuvo tres causas por robo. Es un preso legendario y se decidió a contarnos su historia de vida. Quiere dar un mensaje a los jóvenes y reflexionar sobre lo que le espera un vez que logre estar en libertad. Creció en Villegas, partido de La Matanza. Recuerda con emoción a un padre trabajador metalúrgico y una madre ama de casa. Su contacto con el delito llegó de la parte de su tío: “arranqué a bardear a los 15 años con un fierro, robaba mayoristas de cigarrilos; siendo pibe me dieron un tiro en el brazo, todavía tengo la marca”, sostiene. Entre los 12 y los 17 años hizo más de 100 robos. 
    La primera vez que cayó detenido fue a los 17 años, luego de intentar robar un reloj Rolex. “En esa época no había la inseguridad que hay ahora, nosotros no matábamos, había códigos”, asegura. Dice que tuvo todo tipo de armas y las enumera una por una: desde granadas hasta Fal. Estando detenido en Olmos, aprendió a usar la faca. “Ahí fue la primera vez que tuve miedo”, dice. Estuvo preso en todos los penales, “en Devoto hacíamos muchas locuras, me acuerdo que teníamos un barrote trucho, salíamos y trepábamos por una soga y nos íbamos a los pabellones de los pisos superiores; vi morir a muchos pibes que se caían”. Su apodo es Murdock, y se lo ganó por sus "arranques" de locura. Le pusieron el apodo en sus años en los que era amo y señor de los monoblocks de Lugano 1 y 2.
    “Yo cuidaba el barrio, no se vendía falopa cuando yo estaba, una vez agarré la AK47 y corrí a los miembros de una banda de narcos; hasta el vigilante de la esquina nos respetaba”. Murdock Tiene muchos tatuajes en el cuerpo, uno de esos dibujos simboliza a sus compañeros y un primo que murieron delinquiendo; en el hombro tiene los cinco puntos que caracterizan a la vida tumbera. Fue devoto del Gauchito Gil y también del culto umbanda. Años atrás un compañero de celda aprovechó que él se había empastillado, le sacó el celular que había ingresado de forma clandestina e intentó seducir a la hija. Cuando volvió en sí y se enteró, le tiró una olla de aceite hirviendo y le asestó 5 puñaladas. Casi lo mata. En su “currículum” delictivo no quedó nada por hacer: pirata del asfalto, salideras, entraderas, asalto a micros de pasajeros, robo de financieras y bancos. Tiene más de nueve tiros en el cuerpo (uno de los proyectiles lo tiene todavía alojado en uno de sus brazos) y vestigios de peleas a facazos. Tiene cicatrices en la boca por una pelea sangrienta con otro preso. Fue compañero de robo de los delincuentes más renombrados de la Argentina y formo parte de la Superbanda. Robó con “El Gordo” Valor, con “Tractorcito” Cabrera, Cacho "La Garza" Sosa y muchos otros; llegó a rescatar a “El Narigón” Victor Navarro de su internación en el Hospital Zubizarreta sin tirar un solo tiro. Iba a ser parte del robo de la joyas de Mirtha Legrand junto a Vitette, pero a último momento decidió no hacerlo. Realizó un robo millonario en el Club Español, en el año 1992 fue parte de la banda que asaltó un Banco Itaú. Actualmente está detenido por un homicidio de un vecino del barrio, algo que no recuerda en absoluto porque el vecino lo empastilló involuntariamente. La muerte fue por una puñalada certera en el corazón. Él se hizo cargo pero no recuerda nada, su hijo menor fue testigo de todo. Ya no quiere saber más nada con el delito ni con la vida carcelaria. Años atrás tuvo un ACV que casi le quita la vida, además tiene HIV. Estando en prisión se recibió de auxiliar administrativo y trabaja actualmente en la panadería del penal. Ahora quiere cumplir condena y disfrutar de sus cinco nietos. “Yo quiero darle un mensaje a los pibes, la cárcel ya no es negocio para nadie”. Su último tatuaje se lo hizo en el pie, tiene escrito “paz”. Una nueva entrevista de Mauro Szeta, analizada por Laura Quiñones Urquiza para Telefé Noticias Aquí